Campaña Nacional

La Campaña Nacional contra los filibusteros en 1856-1857
Breve reseña histórica

El 18 de setiembre de 1502 el inmortal Colón descubrió nuestras playas, y la historia nos dice que fue en ellas donde por primera vez en la América Central encontró el oro, que los naturales usaban como simple artículo de adorno; también nos refiere la historia la serie de vicisitudes que siguieron a todos los proyectos de colonización iniciados en esta parte del territorio centroamericano

Los infortunios y la muerte de Diego de Nicuesa, en 1509; el desastre de Diego de Gutiérrez en 1544; el naufragio de Juan Vásquez de Coronado, en 1565; sin que hasta entonces hubiera podido establecerse base firme de con¬quista de esta tierra, no sólo detuvieron sino que alejaron de ella muchos elementos de población y mejoramiento.

Se alcanzó más tarde cierto grado de prosperidad, que marca el recuerdo de aquel período al primer cuarto del siglo XVII, y que recomienda la memoria de algunos bien intencionados servidores de la Provincia; pero luego, la cons¬tante alarma en que los mosquitos y piratas mantuvieron a sus habitantes casi hasta fines del siglo XVIII, así como la falta de apoyo de parte de las auto¬ridades superiores, hizo que los que no emigraran se concentrasen en el interior, quedando sujetos, como único medio de subsistencia, a un miserable comercio por tierra con Nicaragua y Panamá.

Bien explica las circunstancias aflictivas por que atravesó Costa Rica el hecho de que, cuando se promulgó la Constitución Epañola de 1812, la población de la Provincia quedaba a tal grado reducida que no le permitió representarse separadamente, sino en unión de Nicaragua.

El estado de atraso, de pobreza y desamparo del país, hizo que en aquel mismo año las dos Provincias clamaran contra el abandono y los abusos de la autoridad superior, y que en 1814 se empeñaran en sustraerse de la tutela de la Capitanía General. La Diputación describe la miseria del pueblo constrastando con las grandes riquezas del suelo, estéril por la falta de comercio y por la opresión fiscal, que, aún faltando a las leyes, hacía prevalecer la Real Audiencia de Guatemala.

En ese lamentable estado, y para su mayor gloria, Costa Rica suscribió la declaración de independencia y vino a la vida de pueblo libre.

¡Sin caminos, sin escuelas, sin imprenta, apenas era signo de unión entre el pasado y el presente, la masa informe de algún derruido templo!

En efecto, no hay en Costa Rica monumentos que recuerden la Madre Patria, ni se confirma en las propias el nombre de alguna institución, porque heredó ni aquéllos ni éstas: quedóle si, como el don más precioso, un caudal las virtudes y de la energía de sus progenitores.

Abandonada a sí misma, aprendió en el aislamiento a valerse por si sola; e la primera en Centro América en darse una legislación propia, y con justicia ha dicho que ninguna otra ha alcanzado tan rápidos progresos en la creación de la riqueza pública y en la inteligente utilización de sus recursos naturales.

Sin caminos, ha sido la primera en tender rieles hacia los dos grandes océanos, y lo es en la facilidad de sus comunicaciones.

Sin escuelas, y en instrucción pública ocupa hoy lugar preferente en uestra América.

Sin imprenta, y sus instituciones dan crédito a un Gobierno estable, puramente civil, bien organizado y respetuoso de la Ley.

Si Costa Rica no constituye una nación famosa por su grandeza y temida por su poder, es en cambio un pueblo rico, inteligente, relativamente muy culto, próspero y feliz, que por su laboriosidad, respeto al derecho ajeno y su amor a la paz y al orden, goza del aprecio y de la consideración del mundo civilizado.

Sus relaciones con los Estados hermanos se han inspirado siempre en un verdadero espíritu fraternal. Fue la última en declararse separada de la federación; ha concurrido gustosa a las negociaciones de una unión pacífica, y nunca ha sido causa del fracaso de ninguna de ellas; y es gloria del ejército de labradores que dio el triunfo a Centro América sobre Walker y sus filibusteros, que ni antes ni después de esa guerra haya cruzado las fronteras de su propio territorio sino para la defensa común de los más caros intereses de la América Central.

Galería

 
Introducción

La Independencia de la América Central, proclamada en 1821, no les costó a nuestros pueblos los sacrificios de una guerra, sino que ella se realizó a consecuencia de las heroicas luchas de México y Sur América; pero como si fuera sentencia fatal e irremisible, que los pueblos para ser libres han de sellar el proceso de su autonomía con su propia sangre, nuestro suelo recibió ese bautismo fecundo y sus hijos probaron en 1856 y 1857 que eran dignos del más precioso de los bienes: la libertad.

Y no sólo nuestra independencia estuvo amenazada. Los filibusteros, agentes de inhumanos intereses, pretendían extender sobre nosotros el manto negro de la esclavitud: ¡aquí, en Centro América, en la privilegiada sección misma del mundo donde, en reivindicación de la dignidad humana, por un acto sólo, sin precedente, la esclavitud fue abolida desde 1824!

Costa Rica tomó la iniciativa contra los invasores, les hizo sentir la primera derrota, los lanzó de su propio territorio y los escarmentó luego en Rivas, la Virgen y el Sardinal. Alióse después a los Estados hermanos, en el curso de la campaña; cooperó en primer término, batiendo a los filibusteros en todas partes, y se apoderó, por último de los vapores que les trasportaban refuerzos y facilitaban sus movimientos.

En memoria de los triunfos de Centro América, que aseguraron la inde¬pendencia de la Patria común, el Gobierno de Costa Rica decretó la erección del monumento inaugurado en la capital de la República el 15 de setiembre de 1895, día del septuagésimo cuarto aniversario de nuestra emancipación política.

Un libro publicado con el objeto de conservar el recuerdo de los actos oficiales y de las festividades de aquel día y los precedentes, contiene, acompañada de varios documentos oficiales, la presente reseña, brevísima y sencilla, pero completa, de toda aquella heroica campaña.

La benevolencia con que esta obra modesta ha sido acogida por el público ilustrado, y el hecho de no haber hasta ahora un compendio de la historia sobre La Campaña, al alcance general, y que pueda servir en las escuelas, explican el objeto de esta edición, que el autor dedica respetuosamente a sus compatriotas (1)

— N. del E. (1) Escrito entre 1S94-1895.

DON JUAN RAFAEL MORA PORRAS<br>Presidente de la República y General en Jefe del ejército Costarricense. Sus proclamas constituyen verdaderas piezas de patriotismo y fervor cívico.

DON JUAN RAFAEL MORA PORRAS

Presidente de la República y General en Jefe del ejército Costarricense. Sus proclamas constituyen verdaderas piezas de patriotismo y fervor cívico.

 
Basado en “La Campaña Nacional contra los filibusteros en 1856-1857”, MCJD, Serie Rescate No. 19


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