Los ejércitos aliados se fortifican en San Jorge

El triunfo de Costa Rica sobre el río San Juan era el triunfo de la causa centroamericana, y para que se confirmara, arrojando de Nicaragua hasta el último de los filibusteros, el General don José Joaquín Mora se apresuró a dar informe a los jefes aliados de la ventajosa posición en que se encontraba, recomendándoles que activasen las operaciones contra Walker a la mayor brevedad.

Si para todos era una necesidad que la guerra terminara cuanto antes, para Costa Rica lo era aún mayor, por haberse movido la primera, y haber sostenido lo principal de la lucha y sufrido proporcionalmente las consecuencias de la campana, incluso los horrores del cólera.

Tan pronto como le fue posible, el General Mora se dirigió a Granada, a donde llego en el vapor San Carlos, en la noche del 17 de enero, y conferencio con los generales don Fernando Chamorro, Martínez, Cañas y Zavala y expuesta la situación, se acrodó el plan de campaña, debiendo las fuerzas aliadas concentrarse en Nandaime, y dirigirse reunidas de aquel lugar a San Jorge, punto elegido para establecer el campamento, estando en fácil comunicación con el Lago y Rio, dominados por nuestras tropas.

El General Mora regresó inmediatamente al fuerte de San Carlos y envio al General Cañas un refuerzo de 150 hombres y 5.000 tiros a bordo del vapor Virgen, que arribó a Granada el 21 del mismo enero.

En aquella misma fecha, según lo convenido, las fuerzas aliadas, al mando de los jefes mencionados, ocuparon el pueblo de Nandaime. Allí todavía las divisiones entre los jefes producían sus efectos funestos, no habiendo bastado los esfuerzos empeñados para lograr la armonía indispensable, ni siquiera entre los mismos jefes de Nicaragua.

El General Belloso, muy disgustado, se había retirado a León, y el General Indalecio Cordero, jefe salvadoreño que estaba con los aliados, resolvió marcharse también a la misma ciudad.

En presencia de esas dificultades, el General Cañas, jefe de la columna costarricense, propuso que mientras los gobiernos de Centro América nombraban General en Jefe, se eligiera al efecto, provisionalmente, al General Xatruch, jefe de la columna hondureña; y aceptada esa proposición, el 23 el Estado Mayor quedó organizado así:

General Xatruch, General en Jefe del ejército aliado;
General Zavala, Mayor General;
General Chamorro, Cuartel Maestre;
General Cañas, Inspector General.

De Nandaime el ejército en camino para San Jorge entró al pueblo de El Obraje el 26 en la tarde, y se componía de 1.300 guatemaltecos, al mando en jefe del General Zavala, por muerte del General Paredes; 200 hondureños, y 950 de Costa Rica, el Salvador y Nicaragua. De allí el ejército se dirigió a San Jorge, de donde el General Cañas dando cuenta de varios combates, envió el parte siguiente:

Señor Ministro de la Guerra del Gobierno de Costa ñica.

San Jorge, enero 31 d« 1857.

Del General en Jefe de la División aliada de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua.

Tengo el honor de dirigirme a U. S. con el objeto de informarle de los acontecimientos que se han verificado desde el 25 del que finaliza, en cuya fecha el ejército aliado marchó del pueblo de Nandaime, que fue el lugar designado para reunir las fuerzas destinadas a esta expedición.

El 26 llegó el ejército al pueblo de El Obraje, y al amanecer del día siguiente fuimos atacados por el enemigo, quien dirigió todas sus cargas sobre los puntos que ocupaba un parte de la división aliada de Costa Rica, El Salvador y Nicaragua que tengo el honor de mandar, la que al cabo de dos horas de combate, le rechazó completamente. En seguida se dispuso perseguir su retirada, y así se verificó, llegando la columna que recibió esta orden, hasta la hacienda llamada de Buenavista, distante un cuarto de legua, que se hallaba fortificada y sirviendo de centro de operaciones a los filibusteros. Repitieron éstos su carga como a las cuatro de la tarde sobre los mismos puntos expresados antes; y repelidos que fueron de igual manera que por la mañana, se retiraron a favor de la noche, hasta reconcentrarse a la plaza de Rivas.

GKAL. CARLOS FEDERICO HENINGSEN

GKAL. CARLOS FEDERICO HENINGSEN
Jefe del ejército de infantería de Walker, a quien infringió seria derrota el ejército costarricense. Fue el mismo filibustero quien incendió la ciudad de Granada, el 25 de febrero 1857.

La debilidad de estos ataques fue tal, que casi fueron sostenidos por una sola compañía de los batallones de Nicaragua, reforzada por un piquete de rifleros; pero los datos ciertos que después se han reunido, manifiestan que ejecutaron por una fuerza considerable, la que sufrió, entre muertos y heridos, una baja que generalmente se calcula como de cincuenta hombres, contándose entre los muertos algunos oficiales de importancia en las filas de los aventureros y entre los heridos al Coronel O’Neal y un Capitán de nombradía, Ayudante de Campo del General Henningsen, que era el Jefe de la expedición. De nuestra parte no hubo un sólo muerto, y únicamente fueron heridos el Comandante Oppeln de la Artillería de Guatemala, un Capitán y cinco soldados de los batallones de Nicaragua.

El 28 marchamos sobre San Jorge, a donde llegamos al anochecer. Al día siguiente, a las diez de la mañana, fuimos de nuevo atacados por todo el grueso de la fuerza filibustera, al mando del expresado Henningsen, habiendo quedado Walker en Rivas sólo con unos cuantos que llaman ciudadanos y los enfermos de sus filas. Sucesivamente acometieron por varios puntos de nuestra línea con esfuerzos considerables; pero fueron rechazados con energía en término de dos horas, obligándolos a retirarse a cierta distancia, fuera de la población. Entre tanto, se había dispuesto una ligera maniobra sobre el flanco izquierdo del enemigo, con una columna a las órdenes del Comandante del batallón de Liberia, Teniente Coronel don Tomás Guardia, y pareciéndome que este Jefe, llevado de su natural arrojo, se hubiese tal vez empeñado más de lo que convenía, marché en persona a observar y dirigir su movimiento, y encontré que, conforme mis instrucciones, ejecutaba ya su reconcentración a este campamento; pero por desgracia, en el encuentro que tuvo fué herido de alguna gravedad, como también el Coronel de Estado Mayor, don José Bermúdez, que poco antes había acudido a reforzarle.

A continuación emprendió el enemigo una nueva y más rigurosa carga, cesando el ataque a la entrada de la noche, durante la cual ejecutó su retirada a Rivas.

En toda esta refriega sabemos, así por la exploración del campo, como por informes fidedignos, que las pérdidas que han sufrido los aventureros son de bastante consideración; los que han quedado fuera de combate, entre muertos y heridos, no bajan de cien hombres, entre ellos muchos oficiales, y según se asegura, dos jefes de importancia. Por nuestra parte, el número de muertos y heridos es mucho menor, siendo la mayor parte de ellos de la división de mi mando, de los cuales acompaño una relación al señor Ministro.

(Muertos, 2 oficiales y 6 soldados. Heridos, 2 soldados, 3 oficiales y 28 soldados).

Tengo la satisfacción de poder informar a U. S. que todos mis subalternos han llenado en estos dos lances de armas sus respectivos deberes con valor y puntualidad; pero es digno de especial recomendación, el señor Teniente Coronel don Tomás Guardia, por el denuedo con que se mostró en la operación de que antes se ha hecho referencia.

Espero que el señor Ministro se sirva elevar lo expuesto al conocimiento de S. E. el señor Presidente de la República y aceptar los respetos con que me suscribo su atento servidor,

José M. Cañas


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