Campaña Nacional: Las fuerzas aliadas marchan de León sobre los invasores
Tropas de Costa Rica de nuevo en Nicaragua

Ciudad de León (Nicaragua). Vísta en 1856.

Ciudad de León (Nicaragua). Vísta en 1856.

Tan pronto como fueron salvadas las dificultades que presentaba la división de los partidos, se dispuso la marcha de los ejércitos aliados sobre los invasores. Habían llegado refuerzos de Guatemala y El Salvador y, con los de este último Estado, el entonces Coronel don Pedro Rómulo Negrete.

A la aproximación de las tropas a Managua, el destacamento filibustero que allí permanecía puso fuego a la Casa de Gobierno y abandonó la plaza, reconcentrándose en Masaya.

Ocupada Managua el 24 de setiembre, las fuerzas aliadas permanecieron allí hasta el l9 de octubre, cuando el General Belloso marchó con sus tropas al pueblo de Masatepe, y el General Jerez, con el Coronel Zavala y el resto del ejército, procedieron a ocupar el pueblo de Nindirí, a una legua de Masaya, combinando así el ataque sobre aquella ciudad; pero en la noche del mismo día primero, los filibusteros, sin embargo de haberla fortificado, la evacuaron precipitadamente, sin hacer ninguna resistencia.

Jerez y Zavala ocuparon a Masaya en la mañana y Belloso en la tarde del 2, sin otra novedad que el ataque contra una avanzada enemiga, efectuado por una pequeña fuerza destacada al efecto.

En Masaya se reunió a las tropas guatemaltecas el Coronel Dolores Estrada y su batallón, vencedor en San Jacinto, siendo éste la vanguardia de las tropas que el General don Tomás Martínez organizaba en Matagalpa.

El General Paredes, que había quedado enfermo en León, continuaba allí mal de salud.

Las enfermedades que perseguían a las tropas, principalmente a las de climas más elevados que Masaya, aumentaron en esa ciudad, donde además de la fiebre apareció el cólera; pero aún peor que estos males existía el de las rivalidades y la desunión.

Zavala y Estrada, que estaban en perfecta armonía, resolvieron, por motivos de salud, trasladarse con sus fuerzas, como de ochocientos hombres, a Diriomo, y en efecto, lo verificaron el 9 de octubre, quedando el General Belloso con las suyas, como de mil hombres, en Masaya.

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Walker, a quien continuaban llegando nuevos refuerzos y elementos, atacó el 12, con ochocientos filibusteros, a Belloso, y lo hizo con tal vigor que las tropas de éste estuvieron a punto de ser derrotadas (1). El combate duró todo el día y se creía que continuaría al siguiente, cuando los invasores regresaron precipitadamente a Granada que había sido atacada por otra parte del ejército aliado.

En efecto, Zavala y Estrada tuvieron a bien dirigirse a aquella ciudad, en vez de cooperar a la defensa de Masaya; y, desgraciadamente, ni tomaron la plaza ni pudieron resistir a las fuerzas de Walker, que cargaron con ímpetu sobre las tropas de aquéllos. Esos dos jefes huyeron para Diriomo, mientras los soldados de Walker hacían una cruel matanza en los que se encontraban ebrios o perdidos en las calles. Varios guatemaltecos cayeron prisioneros en poder del mismo Walker; otros muchos erraban por los montes hasta que salían a las poblaciones, de donde los llevaban a sus respectivos cuerpos (2).

El General don Tomás Martínez, jefe del ejército septentrional de Nicaragua, al tener noticia de aquellos sucesos, precipitó su marcha de Metapa a Masaya. “Su presencia, dice don Jerónimo Pérez, hizo mejorar y aumentar las fuerzas; pero nada se avanzó en la armonía que debía reinar entre los aliados”.

En Costa Rica ni las vicisitudes de la guerra, ni los horrores de la peste del cólera, que tan numerosas víctimas hizo, habían debilitado en nada la firme resolución del Presidente Mora, ni enfriado el entusiasmo de la gran mayoría, que, como él, creía que debía, a toda costa, continuarse la guerra, hasta el completo exterminio del filibusterismo en Centro América.

Cuando la peste hubo cesado y la tranquilidad renació en el país, el Congreso fue convocado a sesiones ordinarias y se reunió el 3 de agosto, en vez del 1o de mayo.

El Presidente de la República, después de dictar varias disposiciones importantes, las cuales serán referidas adelante, emitió el siguiente decreto:

Juan Rafael Mora, Presidente de la República de Costa Rica, empeñando nuevamente la campaña interrumpida contra los advenedizos usurpadores de Nicaragua,

Declaro:

Artículo 1o— El Puerto de San Juan del Sur queda bloqueado desde esta fecha en adelante.

Artículo 2o— La navegación del río San Juan del Norte es prohibida a toda clase de embarcaciones, mientras duren las hostilidades del suelo centroamericano.

Artículo 3o— Hallándose hoy los vapores que navegan en el río de San Juan, bajo el dominio absoluto del filibustero W. Walker y siendo sus más activos auxiliares, serán apresados o destruidos a todo trance.

Artículo 4o— Los jefes y fuerzas militares de la República harán efectiva esa declaratoria, usando de cuantos medios estén a su alcance.

Comuniqúese a quienes corresponde y a todos los Ministros y Agentes extranjeros y nacionales.

Dado en San José, en el Palacio Nacional, el primer día del mes de noviembre de 1856.

Juan Rafael Mora

Al día siguiente, 2 de noviembre, salió de Liberia para Nicaragua la primera fuerza costarricense a la segunda campaña. Se componía de 400 hombres e iba a las órdenes del General don José María Cañas, y después de ocupar San Juan del Sur, en donde dejó una guarnición de 75 hombres, se situó en Rancho Grande, punto dominante de la línea de tránsito, en cuyo lugar se encontraba con el resto de su tropa cuando se le incorporó una fuerza de 300 hombres al mando del Coronel don Félix Ramírez, que había sido enviada por el General en Jefe Belloso, con objeto de que lo apoyara.

(1) Jerónimo Pérez, Memorias para la Historia de la Campaña Nacional, citado, f. 130.
(2) Jerónimo Pérez, citado, folio 132.


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