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La Campaña Nacional de 1856 lucha por la independencia y la libertad

Para un considerable número de historiadores, la campaña contra los filibusteros, “esa pestífera canalla” como los llamara don Juan Rafael Mora Porras, constituye la consolidación de la independencia de Costa Rica y en general de Centroamérica.

En 1855, William Walker había llegado a Nicaragua como producto de las luchas políticas internas de aquel país, aunque sus propósitos eran muy distintos a los que pretendía aparentar, en un principio, cuales fueron los de arreglar los conflictos internos de Nicaragua.

Walker venía impregnado de una filosofía imperante en los Estados Unidos en aquel momento, cual era la del Destino Manifiesto —ideas que quedaron plasmadas en las siguientes palabras del filibustero en el año 1853 en el momento de su aventura en la Baja California,

“Cuando los pueblos de un territorio han sido capaces de desenvolverse casi enteramente, los recursos que la naturaleza ha puesto a su disposición, los intereses de la civilización exigen que otros vayan a tomar posesión de aquel territorio …” (1).

A estas ideas, hay que agregar otra de indudable importancia y que se consolidó en el pensamiento de Walker cuando éste ya estaba en Nicaragua, y es la que se refiere a la institución de la esclavitud.

Los Estados del Sur de los Estados Unidos, veían con preocupación cómo poco a poco se iba minando en aquellos territorios la estabilidad de la esclavitud como institución económica y social. De ahí que apoyaran la aventura de Walker en Centroamérica, que venía a ser un traslado a otras zonas geográficas del conflicto que se planteaba en el propio territorio de los Estados Unidos. (2)

Estando ya el filibusterismo arraigado en Nicaragua, convirtiéndose así en un peligro tangible para Centroamérica como dice el historiador nacional profesor Rafael Obregón Loria, es

“cuando aparece delineada con rasgos sublimes la figura de Mora, el caudillo, el visionario, el hombre que vio primero que todos el enorme peligro que se cernía sobre Centroamérica …” (3)

En efecto, el presidente de Costa Rica Juan Rafael Mora Porras, de inmediato comprendió el peligro que aquella falange filibustera representaba para Centroamérica; de ahí que en la primera de sus famosas proclamas, la del 20 de noviembre de 1857, el presidente Mora anuncia al pueblo costarricense la lucha inevitable y lo motiva para ella.

Pocos meses después, Mora anuncia el estallido de la guerra a través de otra proclama, pieza litararia que refleja su enorme apego a la libertad, la independencia y su confianza en la abnegación del pueblo costarricense. Aunque bastante conocida, no resistimos el deseo de darla a conocer de nuevo en sus párrafos más hermosos:

“¡Compatriotas!

¡A las armas! Ha llegado el momento que os anuncié. Marchemos a Nicaragua a destruir esa falange impía que la ha reducido a la más oprobiosa esclavitud; marchemos a combatir por la libertad de nuestros hermanos.

Ellos os llaman; ellos os esperan para alzarse contra sus tiranos. Su causa es nuestra causa. Los que hoy los vilipendian, roban y asesinan, nos desafían audazmente e intentan arrojar sobre nosotros las mismas ensangrentadas cadenas. Corramos a romper las de nuestros hermanos y a exterminar hasta el último de sus verdugos.

No vamos a lidiar por un pedazo de tierra; no por adquirir efímeros poderes; no por alcanzar misérrimas conquistas, ni mucho menos por sacrilegos partidos. No. Vamos a luchar por redimir a nuestros hermanos de la más inicua tiranía; vamos a ayudarlos en la obra fecunda de su regeneración, vamos a decirles: “Hermanos de Nicaragua levantaos, aniquilad a vuestros opresores. ¡ Aquí vinimos a pelear a vuestro lado, p :>r vuestra libertad, por vuestra patria! ¡ Unión, nicaragüenses, unión! Inmolad para siempre vuestros enconos. ¡ No más partidos, no más discordias fratricidas! ¡Paz, justicia y libertad para todos! ¡ Guerra sólo a los filibusteros. . .! ”

“… Vuestras madres, esposas, hermanas e hijos os animan. Sus patrióticas virtudes nos harán invencibles. Al pelear por la salvación de nuestros hermanos, combatiremos también por ellas, por su honor, por su existencia, por nuestra patria idolatrada y la independencia hispanoamericana…”

Después de esta proclama, veinte días después los costarricenses lograban derrotar a los filibusteros en Santa Rosa y expulsarlos definitivamente del suelo costarricense. El ejército nacional persigue a los hombres de Walker hasta el territorio nicaragüense en el que se adentran y el 11 de abril de 1856 se efectúa la célebre batalla de Rivas en la que los costarricenses demostraron su valor y su amor por la libertad, dejando el campo de batalla cubierto de compatriotas que dieron su vida a cambio de la independencia. Es de esa batalla que surge la figura de Juan Santamaría, que nuestro pueblo ha transformado en el signo de su valor y de su heroicidad.

Después de esta batalla, las fuerzas costarricenses regresan a Costa Rica, debido a la peste del cólera que aparece en Nicaragua y que en Costa Rica cobrara también miles de víctimas. Aquella retirada obligará a reiniciar la lucha poco después, y nuevamente aquel ejército de “labradores y artesanos, ese ejército de pacíficos y honrados propietarios” que había “conquistado en esa guerra santa contra los usurpadores de la América Central una palma imperecedera . . .” tendrá que alistar sus armas y lanzarse de nuevo a la lucha.

En diciembre de 1856, una Vanguardia del ejército costarricense comandada por el mayor Máximo Blanco sale rumbo a las llanuras del norte y una vez ahí, baja por el río San Carlos hasta el río San Juan para desarrollar la importante labor de cortar la principal arteria de abastecimiento para el filibustero, la llamada Vía del Tránsito, a través de la cual los esclavistas sureños surtían a Walker de hombres y armas. Por otra parte, otro de los héroes de la Campaña Nacional, el General José María Cañas, se encargaría de tomar el sector occidental de aquella Vía, o sea el sector comprendido entre el Lago de Nicaragua y el Océano Pacífico, del Puerto de la Virgen al de San Juan del Sur.

Para el 1º de mayo de 1857 aquella gesta estaba finalizada; la Vía del Tránsito estaba en manos de las fuerzas costarricenses y Walker se había refugiado en la ciudad de Rivas, en donde fue sitiado por las fuerzas centroamericanas comandadas por el General José Joaquín Mora, hermano del presidente de Costa Rica. En la fecha antes indicada del Io de mayo de 1857, aparece en escena un norteamericano, Charles H. Davis, que comandaba la goleta de guerra de los Estados Unidos ‘St. Mary’s’ anclada desde hacía varias semanas en San Juan del Sur. Davis ofrece su mediación para influir en el ánimo de Walker con el objeto de que éste se rindiera, en vista de la difícil situación en que se encontraba, motivada por la falta de aprovisionamiento y la deserción que estaba sufriendo su ejército. En efecto Davis consigue que en la fecha ya citada, Walker se rinda, pero de aquella rendición es interesante hacer resaltar dos aspectos: a) Walker no se rinde ante las fuerzas centroamericanas, sino ante el capitán Davis con quien fitina el convenio de rendición; y b) no se obliga a Walker a no regresar a Centroamérica.

Este último detalle hace que pocos meses después, el filibustero vuelva a tierras nicaragüenses, en el mes de noviembre de 1857 y se apodere primero de San Juan del Norte y luego del Castillo Viejo, o sea, un punto bastante hacia el interior en el curso del río San Juan. Pero a escazos diez días de haber desembarcado, aparecen en San Juan del Norte y Punta Castilla varios vapores de guerra tanto norteamericanos como ingleses y el comodoro Hiram Paulding quien venía al frente del vapor de guerra norteamericano Wabash, pide a Walker su rendición y éste acepta diciendo: “Me rindo a los Estados Unidos” (4).

Escasos tres años después, Walker intenta iniciar otra aventura en Centroamérica, ahora desembarcando en la costa de Honduras. Pero esta será la última vez que el filibustero atente contra la libertad e independencia de Centroamérica, ya que en esta oportunidad es tomado prisionero por los hondurenos, quienes lo fusilan en el Puerto de Trujillo en el año 1860.

Walker significó para Centroamérica un peligro, pero a la vez permitió que un pueblo, el costarricense, demostrara el coraje y el valor con que está dispuesto a defender una de sus mayores riquezas: la libertad, y el régimen político que ha escogido: el democrático.

Hoy por lo tanto, debemos meditar en el sacrificio de aquellos campesinos, de aquel ejército formado por pacíficos y honrados labradores y artesanos, que pagaron con su vida el precio de la libertad. Debemos hoy pues, luchar para librar a Costa Rica, de los nuevos filibusteros que la acechan.

Conjunto escultórico, frente al Monumento de Juan Santamaría en la ciudad de Alajuela, con el nombre de todos los fallecidos identificados en la Campaña Nacional de 1856.

Citas

1. Citado por: Meléndez Chaverri, Carlos, p. 12,1956.
2. Meléndez Chaverri, Carlos, pp. 13-14,1956.
3. Obregón Lona, Rafael, pp. 59-97,1956.
4. Obregón Loria, Rafael, p. 357.1956.

Bibliografía

1. MELENDEZ CHAVERRI, Carlos. Ideario Político de Walker y su Influencia en la Guerra de Nicaragua. En: Revista de la Academia Costarricense de la Historia. No. 18. San José, Costa Rica. 1956.
2. OBREGON LORIA, Rafael. La Campaña del Tránsito. Librería e Imprenta Atenea. San José, Costa Rica. 1956.
3. WALKER, William. La Guerra de Nicaragua. Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). San José, Costa Rica. 1970.

Fuente: Revista Patria, 1971.


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