160 aniversario victoria Campaña Nacional

Para los héroes, ¡el mejor recibimiento!

Adriana Prado Castro
De la Academia Morista Costarricense

Relato sobre el recibimiento del Ejército Victorioso.

Un siete de mayo como otro cualquiera, la apacible Costa Rica se ve alterada por el sonar, sonar, sonar de las campanas de las iglesias. Corren por las calles mujeres, hombres y niños gritando la buena nueva: Victoria de las fuerzas centroamericanas; la guerra ha terminado; la paz volverá a reinar.

Después de la primera euforia, el presidente Mora empieza a dar las órdenes para el regreso y bienvenida del ejército nacional. Su primera decisión es que las tropas ingresen el 13 de mayo a la capital. Quedan pocos días para organizarlo todo. ¡Solo seis días!

El mismo Mora irá a recibir a los combatientes a Río Grande, acompañado de familiares de los soldados que siendo pequeños propietarios, llevarán los caballos para la entrada gloriosa de los combatientes.

Se unirán al presidente los principales vecinos de Heredia, Alajuela, Cartago y San José. Una pequeña multitud se sumará al trote del desfile.

Se organiza en la ciudad capital el recibimiento de los héroes que han vencido a las fuerzas irregulares del naciente imperio que guidas por el destino manifiesto, creen que es su derecho el apropiarse y esclavizar los territorios. ¡Se ha vencido a la falange impía!

Se ha triunfado. Los héroes regresan a casa. Hay que preparar un recibimiento como nunca se ha visto en la joven república y como no se verá por décadas. Nada más preocupa hoy a la ciudadanía.

Se convoca a líderes políticos, religiosos y comunales. Las esposas de las autoridades deberán preparar un gran recibimiento en el Palacio Nacional. En sus balcones se ubicarán mujeres y niñas con flores a ser lanzadas desde las alturas, así como con ramilletes y coronas que colocarán sobre el general en jefe y su valientes héroes. Las señoras deberán preparar un banquete para la tropa.

Pronto se decide que el mejor lugar para ello son los salones de la Universidad de Santo Tomás. En el salón principal habrá una mesa para 150 personas, autoridades, oficiales del Ejército Nacional y de los centroamericanos que le acompañen. En los diferentes salones de la universidad habrá mesas suficientes para la tropa.

¡Ave María! Se necesitará que en todas las casas de San José se cocine algo para este evento y que presten los utensilios y mantelería. Las familias más pudientes organizarán las viandas, licores, vinos y vajillas elegantes para el salón principal. Las demás salas se prepararán con el apoyo de las familias de los soldados.

Para organizar los festejos y recibimiento en las calles y la catedral, se cuenta con quienes preparan las fiestas de San José y de la Semana Santa. Se acuerda adornar las calles con lemas, arcos de triunfo, palmas, flores y banderas, todo adornado desde media legua antes de llegar a la capital.

La Catedral estará adornada con encajes, sedas, follajes y palmeras. El altar mayor, con bordados y colores patrios, velas, candelabros plateados, globos translúcidos de cristal empañado, y entre las luces, flores, arbustos y cascadas de flores de palmeras.

A la experiencia de los organizadores de eventos religiosos se unen hombres y mujeres de letras, pintura y poetas. No se deja nada al azar.

Desde la entrada a la capital y hasta la Catedral, cada cuadra se engalana con un arco de triunfo de cañas silvestres en los que se entrelazan palmas y coronas de flores. Además de los arcos, habrá árboles improvisados, banderas, letreros alegóricos y otros adornos pintorescos. Cortinas de muselina y festones de cinta de seda y raso con los colores patrios colgarán de los balcones de la Universidad de Santo Tomás, del Palacio Nacional y de las casas.

A los poetas y escritores se les encomienda inspirarse para la fecha, y que incluyan en ello a todos los países de la región, aliados y hermanos de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. En esto, destaca don Tadeo Gómez.

Se coordina que al poner el Ejército un pie en la ciudad, las campañas no dejen de repicar y los cañones de la Artillería sean disparados continuamente. La banda militar marchará delante de la comitiva y tocará antes del Te Deum. Al frente de la Catedral, un letrero dará la bienvenida: ¡Vencedores! ¡Rendid la espada antes Nuestro Dios y Señor, alabadle entonando el Te Deum laudamus!

Para el cierre del Te Deum, un coro de señoritas cantará una Salve . Además se prepararán dos cuadros alegóricos. El primero, al heroísmo y caída de los soldados centroamericanos. Se incluirán los nombres de algunos de ellos. Se discute, sin ponerse todos de acuerdo, si esta alegoría deberá estar visible a la entrada de la Catedral o al costado de la Plaza Mayor.

Otra alegoría se deberá crear en la sala principal de la Universidad de Santo Tomás. Una preciosa niña que representará a Costa Rica reposará sobre un blanco pedestal, en el que con letras de oro estarán los nombres de las principales combates. La mano derecha de la niña sostendrá una lanza con una bandera con leyendas de oro. A sus pies habrá un tigre postrado, humillado y vencido.

A entrar nuestros soldados, se dará el grito espontáneo de ¡Viva el presidente Mora!, ¡Viva el general Mora!, ¡Viva el general Cañas! También se prepararon versos sueltos en carteles y pasacalles. Algunos rezan:

¡Viva Costa Rica,
que libertadora,
fue como la aurora
que precede al sol!

Vivan los valientes
que vienen triunfantes,
los bravos amantes
de patria y honor!

¡Gloria a los valientes,
jefes y soldados,
que más esforzados
el mundo no vio!

Para la tarde, no faltarán los bailes, paseos y reuniones. Pero antes, por orden del presidente, cada soldado recibirá un vestido completo, una cuarta y un rollo de tabaco. El gobierno adquirirá los productos y los voluntarios prepararán los paquetes.

Solo queda esperar la llegada… La ciudad entera se ha volcado a preparar el recibimiento, y lo mejor de nuestra gente, se ha esforzado en ello.

No se quedará nadie en casa. Todos con sus mejores atavíos e inmensa alegría, estarán en el recibimiento. Dicen que vienen con ellos, y que entrarán un poco antes, trescientos filibusteros. Bueno, ellos también compartirán con nosotros… La alegría es tanta y tan poca la sed de venganza que esta no ha anidado en nuestros corazones.


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