Garcimuñoz, la primera ciudad española del Valle Central

Por Carlos Meléndez

Garcimuñoz, la primera ciudad española del Valle Central

En el primer plano están los llanos al oeste de Santa Ana; al fondo las montañas de Puriscal y Turrubares, que descienden hacia la derecha de la fotografía, al cañón del río Virilla—Grande de Tárcoles, valle por el que entraron al interior del país los conquistadores de la expedición de Cavallón.

Los costarricenses no hemos tenido nunca muy claro lo que Garcimuñoz significa dentro del proceso histórico que formó a Costa Rica. Yo diría que dentro de esta actitud displicente con que vemos desaparecer las cosas que nos ligan con el pasado, el más remoto pretérito nos es mayormente indiferente, aunque no debía ser esa nuestra manera de proceder.

Garcimuñoz no sólo representa la primera población de españoles que existió dentro del Valle Central de Costa Rica, sino que resulta ser el primer experimento de afirmación del dominio hispánico de lo que con el tiempo devendría en nuestra nacionalidad costarricense. Existe como es bien sabido, un verdadero continuum histórico entre esta ciudad que fundara en marzo de 1561 don Juan de Cavallón, y la actual cuidad de Cartago, su otro nombre que alcanzó más larga duración histórica. Y será en este mismo centro urbano, denominado en forma diferente, en donde se forjará la base para el proceso de conformación de la forma de ser y cultura del costarricense, aunque sus formas fueran incipientes en un principio.

Estas páginas intentan resumir y plantear, en un sentido problemático, todo cuanto sobre Garcimuñoz cabe ser destacado y las dudas que esta fundación nos plantea, de modo que las presentamos a modo de compendio, sobre un tema considerado como importante.

ANTECEDENTES MAS INMEDIATOS

El territorio ubicado entre Nicoya y Nicaragua, y el Reino de Tierra Firme o Panamá, y que corresponde a lo que es hoy Costa Rica, fue una especie de tierra marginal en el proceso de descubrimiento y conquista del istmo centroamericano, anterior a 1560.

Va a ser la empresa da los asociados Padre Juan de Estrada Rávago y Licenciado Juan de Cavallón, la que determinará que ese vacío colonizador se intente llenar, mediante un plan teóricamente bien elaborado, pero en la práctica mal llevado; Estrada Rávago estaba llamado a llenar las bases de la empresa, con su fundación en el Atlántico de la Ciudad de Castillo de Austria, plan en el que fracasó, dejando al Lic. Cavallón en la mitad de un camino, que no tenía ya razón de proseguirse.

Dentro de tales proyectos, el Lic. Cavallón llevaba adelante, por la vía terrestre, toda Clase de auxilios al Padre Estrada. Para lograrlo salió en enero de 1561 de la ciudad de Granada hacia Nicoya, y de allí pasó
a Chomes —en las vecindades del actual puerto de Puntarenas—, que era el último punto conocido en el camino. De allí en adelante había que buscar el medio para atravesar las montañas y adentrarse hacia el Atlántico, en procura de la ciudad de Castillo de Austria.

EL GRUPO EXPEDICIONARIO jefeado por Cavallón, estaba constituido por menos de un centenar da españoles y negros. Sería éste el llamado a dar origen al primer núcleo hispánico dentro del Valle Central. Iba a su vez la hueste conduciendo ganado vacuno, puercos, cabras y otros elementos materiales, con miras a que el esfuerzo a realizar, cuajara en algo estable y permanente.

Los primeros pasos, más o menos bien conocidos, pues la documentación nos informa con algún detalle, llevaron ya en Chomes a repartir el grupo en cuatro escuadras. La primera quedó bajo la Jefatura de Miguel Sánchez de Guido uno de los principales auxiliares de Cavallón de aquí en adelante; la segunda correspondió al Alférez Ignacio de Cota, Factor y Vector de la Real Hacienda y futuro descubridor del valle del Guarco; la tercera fue adjudicada a Juan Gallego, eficaz colaborador en esta primera parte del viaje, y más adelante regidor en Garcimuñoz; la cuarta la dejó el Capitán de esta empresa para sí mismo.

De este modo empezó la marcha dentro de una desconocida tierra llamada de los Güetares, por donde no hallaron los expedicionarios ni siquiera caminos ni veredas conocidas. Llevando adelante lo que la experiencia les señalaba, en un sitio inmediato al río Machuca, poco antes de su confluencia con el río Jesús María, ubicaron su primer campamento, el llamado “Real de la Ceniza”. Se trataba dé un asentamiento ocasional, estratégicamente situado para el caso de peligro, adecuado para entrar en tierras extrañas en donde no se sabia qué sorpresa amenazante podría aparecer. Esto ocurría presumiblemente en la primera quincena del mes de febrero de 1561.

TOMANDO COMO PUNTO de partida el Real de la Ceniza, se enviaron con distintos rumbos, partidas da exploración. Se buscaba en primer lugar determinar las características de la tierra, y en segundó, buscar el mejor rumbo para seguir adelante. Esto condujo al descubrimiento de las llanuras en donde se asienta hoy día la población de San Mateo, valle propio de los indios güetares o de Garabito. De aquí pasaron, las gentes de Juan Gallego hasta las llanuras conocidas hoy como del Coyolar, llamado entonces por los españole» Valle de la Cruz, donde encontraron tanta gente que se hizo necesario avisar a Cavallón, para viniera a él con refuerzos, cosa que efectivamente realizó. Aquí dispuso el jefe conquistador enviar al Sargento Mayor Antonio Alvarez Pereira —un portugués que fue uno de los principales colaboradores en esta empresa—, para que con algunos soldados pasase descubrir el valle llamado de Coyoche por los indígenas, al que se impuso por los españoles el nombre de Landecho, en homenaje, nada merecido por cierto, del Capitán General de Guatemala; corresponde al hoy asiento de la ciudad de Orotina. Los indios que fueron allí encontrados, fueron prontamente pacificados; al menos así dicen los documentos.

Hecha esta exploración, la hueste conquistadora siguió adelante. Mas aquí los documentos callan, con un dramático mutismo para quienes quisiéramos hoy poder seguir paso a paso, las vicisitudes de los expedicionarios que habían de llegar a descubrir el Valla Central, dónde habían incluso de fundar Garcimuñoz. Sólo sabemos que tuvieron que atravesar densas selvas, abriéndose paso por donde no había siquiera un camino; enfrentándose a las dificultades de ir arreando animales; debiendo atravesar ríos caudalosos; vencer agrestes cuestas y montes, procurando llegar al sitio de su destino.

ALGUNA VEZ HEMOS recorrido los llanos de San Mateo y de Orotina y desde ellos nos hemos planteado, la misma pregunta que debieron haberse formulado los españoles de Cavallón: por dónde seguir adelante para llegar al Atlántico. Y el relieve mismo de la región, pareció esbozarnos la única respuesta, posible conocida, ya por nosotros, pero intuida con todo acierto por ellos. Mirando hacia el éste, camino de esperanza, se veía que el valle en que se hallaban se iba angostando más y más, de modo que las serranías del norte y del sur, se unían en el fondo, dando origen a una depresión natural que era el único camino, para poder tomar el anhelado rumbo. La depresión formada por el río Grande de Tárcoles, de modo que puede afirmarse que era este río el que les abría las puertas para hallar un preciso camino: el Valle Central.

Pero los documentos nos hablan nada más de los llanos de Landecho u Orotina de hoy y de Garcimuñoz. Nada nos dicen, de la etapa intermedia entre éstos dos puntos, y lo más delicado, no es siquiera bien conocida la ubicación de la ciudad del Castillo de Garcimuñoz, elemento clave para poder reconstruir el posible trazado de la ruta de entrada.

De allí que para entender la marcha siguiente, debamos preguntarnos: ¿dónde estuvo Garcimuñoz?

UBICACIÓN DE GARCIMUÑOZ

Que sepamos, dos son los sitios que se han señalado, como más probables para ubicar en ellos la primera ciudad fundada por Cavallón. La más conocida y por largos años tenida como cierta, ha sido la que sustentara el Lic. Cleto González Víquez, quien concluyó en ubicarla en los llanos de Turrúcares o del Carmen, al suroeste de la actual ciudad de Alajuela. La otra, sustentada primero por don Jorge Volio y respaldada más tarde por don Ricardo Jinesta, es la de que se halló más bien en el valle de Santa Ana. Pese a los aparentes desacuerdos entre ambos, la verdad es que la diferencia no es extrema, por cuanto puede decirse que los llanos de Turrúcares como los de Santa Ana son adyacentes, de modo que una sola barrera, el cañón del río Virilla, viene a separarlos. En otras palabras, para don Clelo el valle de Garcimuñoz corresponde a una región situada en la margen derecha del río Virilla, mientras que para Volio correspondía más bien a la margen izquierda, lo que hace que en muchas de las características físicas, como clima y vientos, sean enteramente iguales. ¿Cuál de los dos autores tiene la razón? Es lo que ahora vamos a analizar y discutir, con base en los documentos conocidos.

DE LAS INFORMACIONES clave, quizás la más importante es la que se desliza circunstancialmente en el acta de los repartimientos de indios hechos por Perafán en 1569. Tal documento fue escrito en Cartago, en su primitivo asiento de Orosí, ubicado al suroeste del actual asiento; se refiere al repartimiento de unos indígenas situados en el Real de Pereira, cerros cuya ubicación nadie ha, puesto en duda y que son los que se hallan entre Escazú y Santa Ana, comúnmente llamados hoy Cerros de las Palomas. Pues bien, el párrafo clave dice de ellos, “que son las lomas de sabana antes de llegar a la ciudad vieja, por lo alto”. En otras palabras se quiere expresar que de Cartago, yendo hacia Garcimuñoz se, interponían inevitablemente los cerros del Real de Pereira, hecho que se puede aceptar si se considera a Santa Ana como el valle.de Garcimuñoz. No sucede lo mismo con Turrúcares, por cuanto no existe siquiera hoy, un paso fácil que ponga a ambos puntos en comunicación por esta ruta. De modo que este primer documento tiende a favorecer la tesis del valle da Santa Ana como el primitivo asiento de Garcimuñoz. Otro documento nos dice de la misma, que Aserrí, respecto a Garcimuñoz se hallaba “camino de la mar del Norte”, lo que viene a ser una afirmación especifica de que Garcimuñoz se hallaba al oeste de Aserrí.

El Cabildo de Garcimuñoz dice en carta de 1562, que esa población está asentada “en un valle llano y espacioso y corren cinco ríos de lindas y delicadas aguas”. En este sentido resulta difícil una justa apreciación, por cuanto tanto en uno como en otro valle, podríamos encontrar los cinco ríos, claro que en valle de mayor amplitud y con ríos de mayor caudal, en el caso de Turrúcares. Pero en todo caso resulta difícil apreciar lo que podía significar espacioso a los pobladores de Garcimuñoz.

Igualmente válido para ambos lados resulta ser la observación de Vázquez de Coronado, de que la ciudad “es desabrigada, no habitable y especialmente en tiempo de brisas, cuyo espacio suele ser de seis meses del año”. Todos estos llanos son en efecto azotados por los vientos, y el efecto puede verse más intensamente en algunos de los cerros, lógicamente más expuestos a los embates de los mismos. Sobre todo los árboles aparecen algunas veces inclinados ligeramente en el mismo sentido en que soplan los vientos.

UN ARGUMENTO QUE JUZGAMOS importante, es el relativo al hecho de que las dos primeras salidas de las huestes españolas, tras la fundación de Garcimuñoz, fueron realizadas una a Pacaca y otra a Aserrí. El hecho se comprende con mayor facilidad si ubicamos la Ciudad en el vallé de Santa Ana, por cuanto Pacaca, con su asiento primitivo en la actual Tabarcia o incluso en la hoy Villa Colón, se hallan ambas inmediatas, al valle de Santa Ana. Y en el segundo caso, para ir a Aserrí desde Santa Ana, no era o es cosa difícil, si se usa la ruta que corre hoy por Escazü y Alajuelita. En cambio, de Turrúcares pasar a Pacaca o Aserrí, representaba un esfuerzo bastante grande, por la dificultad del ya señalado obstáculo del río Virilla.

En definitiva, y para no abrumar de citas y argumentaciones que no se justifican en un enfoque como el que intentamos, somos de la opinión que es más valedera la que se inclina a ubicar la primera ciudad en el valle de Santa Ana.

Esta ubicación viene a corresponder incluso a la ruta de entrada al Valle Central, que se usó sobre todo en el siglo XVI por los españoles, la que iba desde Cartago, por Coris y las Amoladeras, hasta Aserrí, y de allí a Santa Ana y posiblemente hasta Balsa, lugar donde el río Grande se hace vadeable, y en consecuencia se podía pasar a la otra margen, para buscar llegar a los llanos de Orotina. Tal debió ser en consecuencia el caminó usado por Cavallón y su gente para entrar al Valle Central.

HISTORIA DE LA CIUDAD

Numerosos testimonios ponen de manifiesto que la ciudad de Garcimuñoz fue trazada de acuerdo con las reglas usuales de la época, de modo que contó con un cuadrante del tipo del tablero de ajedrez, y que dentro de él se repartieron solares, se construyó casa de cabildo y cárcel, se nombraron autoridades locales, y en fin, que no careció de todas las características propias de una auténtica ciudad, analizada desde el punto de vista estrictamente propio de la época.

Por otro lado resulta evidente que la fisonomía inicial de dicha población, debió ser más bien la de una humilde aldea de indios, puesto que dada la carencia da recursos hubo más bien que edificar la población con materiales rústicos, similares a los utilizados por los indios. Con toda probabilidad debió hallarse ubicada la ciudad en un sitio con posibilidades defensivas; por ello nos inclinamos a creer que dentro del valle de.Santa Ana, la ciudad de Garcimuñoz debió hallarse en su sección más occidental, es decir en la región de Piedades.

LOS LLANOS DE SANTA ANA debieron haber favorecido los primeros hatos de ganado vacuno y caballar, habidos en la región central. Allí mismo debieron haberse ensayado los primeros cultivos con plantas no indígenas, sino europeas, tales como el trigo, que Vázquez de Coronado recuerda más tarde haber hallado cultivado, o las hortalizas de que habla otro documento, y “muchas plantas é árboles de Castilla”, como escribe el Cabildo de Garcimuñoz en una carta, en la que agrega que hay sembradas “alfalfa y llantén e berbena e otros árboles de Castilla e naranjos e limones e creemos se darán los demás frutales”. Como se observa por lo transcrito, se ensayó allí con éxito, la aclimatación en nuestro medio de las especies españolas. En nuestros recorridos por el valle de Santa Ana, hemos podido algunas veces encontrarnos, casi en estado silvestre, algunos naranjos, localizados en sitios casi inasequibles o poco frecuentados, lo que nos hizo recordar estos primeros ensayos de que hablan los documentos, cosa que no sucedió cuando hicimos viajes similares en las llanuras de Turrúcares. ¿Podrá ser este un argumento más en favor de la idea de que Garcimuñoz estuvo ubicada en los llanos de Santa Ana? Así lo creemos.

Otro detalle que es oportuno destacar aquí, es el que se refiere al llamado Real de Pereira, o sean los llamados cerros de las Palomas, que se encuentran entre Escazú y Santa Ana. El nombre de Real de Pereira deriva sin duda de que en tal lugar necesariamente debió haber sentado sus reales la avanzada conquistadora al mando de Antonio Alvarez Pereira, en su marcha hacia el este. Si ello fue así, como parece evidente, cabe concluir en que Pereira fue el primer conquistador del grupo de Cavallón, que desde esas eminencias, vio el valle de la actual capital de Costa Rica, es decir San José. El hecho no deja de ser significativo, de modo que conviene destacar aquí su importancia.

DE GARCIMUÑOZ SALIERON las diversas expediciones que después de marzo de 1561 en que se la fundó, salieron a recorrer los distintos rumbos del Valle Central. Primeramente pasaron a descubrir Pacaca, Tiribí y Aserrí, luego el valle del Abra en que se asientan San José y Curridabat y más adelante Toyopán, es decir la región de Coronado. A Barba llegaron mucho más tarde, lo que no habría sido si hubiesen partido de Turrúcares. Ignacio Cota, buscaba la ruta hacia el Atlántico, de modo que cruzó los cerros de la Carpintera por su parte más meridional y descendió al valle del Guarco, hasta llegar a Cot, Ujarrás, Orosí, Corroci y Tucurrique, expedición sin duda fatigosa pero de muy buenos resultados en cuanto a los conocimientos geográficos que se adquirieron.

Por cierto que este hallazgo debilitó apreciablemente el buen concepto inicial que se tenía de las bondades da Garcimuñoz. En efecto, se dieron cuenta los españoles que el valle del Guarco estaba mucho más poblado de naturales, que el que servía de asiento a Garcimuñoz, y parecía en general ofrecer mayores posibilidades de vida. Además este pintoresco valle del Guarco se hallaba más claramente en el camino al Atlántico, que era el objetivo principal de los expedicionarios. De modo que en adelante se exaltarán los defectos de Garcimuñoz, más que sus virtudes, y se concluirá por adoptar la resolución de su abandono, cosa que como es sabido ocurrió en tiempos de Vázquez de Coronado, propiamente en marzo de 1564, aunque meses antes se había determinado ya su traslado y escogido incluso el asiento para la nueva ciudad. Es más, Vázquez de Coronado, para opacar un poco la obra de Cavallón, decidió al cambiarle de asiento, variar el nombre de la ciudad, y en efecto adoptó el de Cartago, que es el que ha conservado hasta el presente. Jurídicamente hubo sólo una fundación, Garcimuñoz, los demás cambios de nombre como de asiento, en nada afectaron esta condición, de modo que puede afirmarse que Cartago fue fundada por Cavallón, con el nombre de Garcimuñoz; hecho que viene a significar que la ciudad de Cavallón es la que todavía existe con el nombre de Cartago. Con esto la proyección de la obra de este conquistador, llega hasta el presente.

ANTES DE FINALIZAR el año de 1561, supo ya Cavallón del fracaso de la expedición emprendida bajo la jefatura del Padre Estrada Rávago. De modo que Garcimuñoz, que no era sino un puesto vital en el camino hacia el Atlántico, se convirtió con esta noticia en el final del mismo. Con ello la empresa de Cavallón quedaba mutilada considerablemente. Esto explica el deseo inmediato, que pudo realizar Cavallón de retirarse de la empresa. Así las cosas, mayores esfuerzos no valían la pena. De este modo hizo abandono de la provincia de Costa Rica, en enero de 1562.

Fuente: La República Dominical 02-11-1969


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