Iglesia de San Ramón

Parroquia de San Ramón: su historia

Femando González Vásquez

La fundación de los pueblos costarricenses está indefectiblemente asociada a la presencia de la iglesia católica. El decreto del 19 de enero de 1844, que oficialmente crea a San Ramón, en su artículo 5o especifica: “En el lugar más propio que señale la comisión en el punto que se ha de poblar, se abrirá por los pobladores un campamento de dos manzanas para iglesia y plaza, y se fijará en él, desde luego una cruz”

La comisión citada estaría integrada por dos personas designadas por la municipalidad de Alajuela para que reconocieran la legua donada por el Estado para fundar el poblado ramonense. El templo y la plaza (hoy parque) son los elementos fundacionales más importantes, más aún que las edificaciones administrativas y de gobierno, ya que van a señalar el corazón mismo de la población.

Arturo Moncada (1917) nos relata que el centro de lo que hoy es la ciudad fue escogido por Florentino Alfaro (hermano del jefe de estado José María Alfaro Zamora), Pedro Saborío y Manuel Soto. Más adelante, Trino Echavarría (1966) dice que los terrenos en donde hoy están la iglesia y el parque eran un derecho de Pío Villalobos Quesada que él cedió a la comunidad. De esta manera quedó establecido desde un inicio el punto central, tanto cívico como religioso, del pueblo.

Al autorizarse la constitución del nuevo poblado de San Ramón en 1844, se facultó a los pobladores para construir una ermita de madera. En esta obra participó activamente uno de los fundadores: Ramón Rodríguez Solórzano, quien gestionó los permisos y el nombramiento del supervisor(ecónomo), José de la Luz López, quien trajo los carpinteros de San José. Las maderas se obtuvieron en el mismo lugar de la construcción y otros cercanos. Esta primera ermita, antecedente del templo principal, fue una dependencia eclesiástica de Alajuela y era administrada por el cura residente en Atenas (erigida en 1846 como filial de la de San Juan Nepomuceno de Alajuela).

Dada la gran extensión de la Parroquia de Alajuela, se creó la ayuda de Parroquia de Atenas con su anexo San Ramón de los Palmares. Aún así, el teniente cura Pablo Rojas de Medina solicitó se le eximiera de la administración de un territorio tan extenso (desde Rio Grande hasta los linderos del curato de Esparza). Por ello, en 1848 se autorizó la creación de una filial en San Ramón y el 2 de diciembre de ese año se bendijo la ermita. (Eduardo Fournier, 1976).

En 1853 los vecinos de San Ramón solicitaron al obispo Anselmo Llorente y la Fuente que su filial se erigiera en Parroquia, pero el cura de Alajuela, Lorenzo Montenegro se opuso a la petición. En enero de 1854, una nueva gestión añade como argumentos el aumento de mil habitantes con respecto al año anterior y la construcción de una casa cural. Esta vez el informe del cura alajuelense es favorable y el Cabildo de la Diócesis aprobó la solicitud. Así, el 11 de setiembre de 1854, después de conocer el beneplácito del Supremo Gobierno de la República, el obispo decretó la erección de la parroquia en los siguientes términos:

“En uso de nuestras facultades ordinarias, separamos perpetuamente la Iglesia de San Ramón de los Palmares de la de Alajuela, erigiéndola en Parroquia y concediéndole todas las prerrogativas, honores y privilegios de que gozan las demás parroquias de la Diócesis, como también quedando sujeta a las cargas que le son anexas por lo cual deben satisfacer la cuarta episcopal y de colegio, como cura de curato de primera clase…”(Fournier. 1976).

De esta manera, en su décimo aniversario como poblado costarricense, San Ramón obtuvo el título eclesiástico de Parroquia. El cargo de primer sacerdote de la nueva parroquia fue ocupado por Manuel de los Angeles Saborío, quien ya servía a San Ramón desde la filial de Alajuela, al igual que lo hicieron José Miguel Murillo y Pablo Rojas de Medina; este último teniente cura de San Rafael de Atenas (ibid).

Iglesia de San Ramón

El Templo

En 1856, el primer jefe político de San Ramón, Daniel Castillo, solicitó permiso al gobierno para “construir de horcones sobre bases de piedra la iglesia de dicha villa”. Al parecer, esta iniciativa no prosperó en los siguientes cinco años porque en 1861 el cura Carlos María Ulloa comunicó al obispo de Alajuela su objetivo de construir un templo parroquial de horcones, en lugar de la ermita, e hizo los trámites para obtener los planos.

De aquí en adelante empiezan una serie de discordias entre el poder edesiástico y el civil en torno a la edificación de la iglesia parroquial. En setiembre de 1862, el presidente José Mana Montea legre decidió que el templo sería de calicanto y así lo comunicó a Obras Públicas. Francisco Kurtze, director general de dicha cartera ministerial, convocó a la población en cabildo abierto para convencerá los ramonenses de que debía ser en calicanto como todas las obras públicas. El desacuerdo se prolongaría por varios años; las obras se iniciaron pero tuvieron varios contratiempos como modificación de planos, falta de fondos y mano de obra.

Prevaleció un diseño de Angel Miguel Velásquez de estilo neoclásico. La estructura del templo (induyendo paredes de las naves y parte de los pórticos y torres) se construyó entre 1868 y 1875 y su altura alarmó a los ramonenses. Hubo nuevos atrasos hasta 1878 cuando el cura José Guzmán reemprende los trabajos y no es sino hasta 1891 que finaliza la obra bajo el curato de José Piñeiro, la asesoría del ingeniero Lesmes Jiménez y el apoyo del obispo Bernardo Augusto Thiel y la comunidad (Sanou, 2001). Desafortunadamente, el bello y sólido templo parroquial que tanto trabajo significó para los ramonenses y los distintos sacerdotes que asumieron su construcción, fue seriamente dañado por el terremoto del 4 de marzo de 1924 y ameritó su demolición para edificar el actual. Finalmente el 16 de mayo de 1954 abrió sus puertas el templo actual. Dicha joya arquitectónica comenzó a construirse a partir de abril de 1927. Su estructura metálica se encargó a la casa Krupp de Alemania y significó toda una epopeya y grandes sacrificios para la población.

Hoy, luce como el edificio más destacado e imponente de la ciudad, donde cada mes de agosto, la comunidad entera se reúne para celebrar a su Santo Patrono: San Ramón Nonato.

Iglesia de San Ramón

Fuentes

Echavarría, Trino. Historia y Geografía del cantón de San Ramón. Imprenta Nacional. 1966
Foumier, Eduardo. Un análisis histórico demográfico de la parroquia de San Ramón (1850 1900). Tesis licenciatura en Historia. U.C.R.1976
Moneada, Arturo. Historia de San Ramón. Tipografía San José.
Sanou, Ofelia. Arquitectura e historia en Costa Rica.
Templos parroquiales en el Valle Central, Grecia, San Ramón y Palmares (1860-1914). Editorial U.C.R. 2001

Tomado del Boletín “Para que tractores sin violines” del Centro Cultural e Histórico José Figueres Ferrer.


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