La entrada de Heredia: el Puente de Pirro

La entrada de Heredia: el Puente de Pirro

Con este primer dibujo buscaremos dar a conocer algunos aspectos relativos a esta parte de la ciudad de Heredia. Nos hallamos a la entrada de la ciudad por el rumbo del sureste, es decir, lo que ahora solemos llamar la salida de Heredia hacia San José. La vista corresponde a un dibujo que ha sido rehecho, el que se ha tomado de un grabado impreso cuyo dibujo original es obra del artista Fausto Pacheco, quien lo realizó el año 1926 para un libro que adelante citaremos, escrito por don Luis Dobles Segreda.

Fue realizado con vista desde el lado del este, o sea desde La Puebla y el puente que se distingue es por lo consiguiente el que se halla sobre el río Pirro. Corresponde a la por muchos años nombrada Calle de Ronda, hoy la calle 9 de la ciudad, vía de acceso a Heredia desde San José. De modo que si la comparamos con los rasgos que actualmente tiene, llegaremos a la conclusión de que el lugar nos resulta hoy casi irreconocible, tal el cambio profundo que ha experimentado el lugar en los sesenta y siete años que han trascurrido desde que Pacheco hizo ese dibujo.

Al dársele a Heredia el título de villa, en junio de 1763, existía ya, y desde pocos años atrás, la llamada Puebla de los Pardos de Cubujuquí de Heredia, nombrada hoy sencillamente como La Puebla. Era este una especie de barrio reservado para los negros y pardos o mulatos, que los había en buen número en aquel entonces; este poblado estaba separado del centro urbano principal, constituido por españoles y mestizos, por el río Pirro. De este modo el río se convertía en una frontera étnica, condición que hace ya muchos años perdió, aun cuando conserva hoy parcialmente cierto carácter de categoría menor residencial suburbana. Que este hecho de discriminación social se diera en aquella época, nos viene a ratificar que los criterios de igualdad social no tenían vigencia alguna durante el régimen colonial en Costa Rica.

El puente del río Pirro que se muestra en el dibujo había sido construido en el siglo XIX, durante la segunda administración del Doctor José María Castro Madriz. El distinguido escritor don Luis Dobles Segreda, quien disfrutó en su infancia de sus aventuras en estas vecindades, nos ha dejado un simpático libro acerca del Pirro, que se titula Caña Brava (la primera edición data del año 1926), dado que en sus vegas crecía en abundancia esa gramínea; de esas márgenes se tomaba una de esas cañas bravas para ser usada el Jueves Santo para adornar al Nazareno, cuando se le vestía de loco para la procesión en la ciudad.

Bajo el arco del puente del ya entonces muy contaminado río Pirro, leyó y transcribió un día don Luis la siguiente fe de bautismo, como él mismo la llama:

Construido
bajo
la administración
del
Dr. Dn. José M. Castro
y
Dirección del Ingeniero
Dn. Angel M. Velázquez

——o——

Comenzado en Diciembre
de
1866 y concluido en
Agosto de
1867

Este testimonio nos lleva a imaginar cómo sería el paso antes de 1867, de acaso unas rústicas vigas colocadas entre sendos terraplenes sobre ambas márgenes del río. Por cierto que se llamaba a este punto sobre el río Pirro con el nombre de paso de Ujarrás, ignoramos por qué razón.

El nombre del Pirro pareciera corresponder muy probablemente a un vocablo indígena, pero el hecho no lo podemos afirmar con toda certeza. En nuestra toponimia costarricense aparecen vocablos indígenas similares con el de Pirrís, Porrosatí o Porros, Birrí, etc. Pero ocurre a la vez que en el santoral español figura San Pirro, Obispo de Astorga e historiador de las cosas de España. Y esto sin olvidarnos de que en la historia griega está Pirro, rey de Epiro e hijo de Eacidas, quien vivió por allí del tercer siglo antes de Cristo, el que se hizo famoso por su episodio bélico en el que ganó una importante batalla pero se quedó prácticamente sin soldados. Esto llevó a que se hablase de allí en adelante de una victoria “pírrica”. ¿Fue que algún amante de la historia hubiese querido evocar al héroe, dándole ese nombre al río? No parece probable que en este caso ello hubiese ocurrido. Pensamos eso sí que de las dos alternativas, pareciera que la del origen indígena es la que tiene mayores posibilidades.

La referencia más antigua que nos ha sido dable hallar de este nombre del río Pirro, se halla en un documento que data del año 1750, en oportunidad de la venta de unos cercados ubicados en tierras realengas (baldías) “en el paraje y quebrada de Pirro”.

Para concluir esta breve semblanza histórica del Pirro, debemos indicar que nuestro río nace de fuentes que provienen del Macizo del Barva, propiamente dentro del cantón de San Rafael de Heredia, y que tras su paso por el este de la ciudad de Heredia, llega a ser tributario del río Bermúdez, por el lado de Barreal. Este humilde río fue cantado por el poeta Aquileo J. Echeverría, tal vez a principios de este siglo, dado que su poema no tiene fecha.

Era ya entonces un río sucio y contaminado, en particular por las mieles de café que se vertían desde varios beneficios ubicados en sus vecindades. De modo que el río había perdido para los heredianos todo su atractivo natural, debido al desarrollo del cultivo del café y a las mieles de los beneficios que lo contaminaban.

¿En dónde están las notas
de tus pájaros tiernos;
del cenzontle, la monja,
el yigüirro, el jilguero?…

se pregunta el poeta, añorando los pasados tiempos en que discurría limpio y caudaloso. Pero nos agrega luego:

Hoy mísero discurres,
de ti mismo sediento
por entre peñas calvas
y tísicos potreros,
ya no claro como antes
ni como enantes fresco,
sonoro, arrebatado,
alegre, bullanguero;
sino cual corresponde
al triste ministerio
que ahora desempeñas,
cuando achacoso, viejo,
la ingratitud humana
te torna en basurero
pagando tus mercedes
con tan ingrato premio…

Y para concluir el poema, el poeta Echeverría nos agrega:

Yo te saludo, ¡oh Pirro!
yo te saludo ¡excelso!
ya que tus efluvios,
y al calor de tus besos,
abre el tifus sus rosas
entre los epirenos
y siembre de difuntos
el amplio cementerio…
yo te saludo ¡oh Pirro!
cual mi bolsillo, seco.
De cuántos acreedores
nos libras, ¡Benemérito!

Pero esta poesía nos deja una muy clara lección. ¿No es posible para los heredianos de hoy, el que podamos restituir el atractivo original al río Pirro? La Universidad Nacional, que está ubicada en sus márgenes, es quizás la más llamada a alzar el estandarte de esta cruzada a realizar, la del rescate de la pequeña cuenca del Pirro. Pensamos que no es demasiado tarde para que se pueda emprender un esfuerzo de esta naturaleza, el que además sería benéfico y grato, ya que permitiría conformar un ambiente acorde con las obras de infraestructura que recientemente se han levantado en las vecindades del puente y en toda su pequeña cuenca.

Tomado de “Añoranzas de Heredia”. Textos Históricos de Carlos Meléndez Ch. Dibujos de Mario Ramírez E.


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