La Tragedia del Virilla

14 de marzo 1926

Tragedia del Viirilla

Era el amanecer del domingo 14 de marzo de 1926 en la ciudad de Alajuela, los primeros rayos del sol empezaban a iluminar la estación del ferrocarril donde se citan gran cantidad de personas. Con motivo de un llamado de Monseñor Volio en Cartago para recoger fondos para el Asilo de Ancianos; se había organizado un a fiesta para lo cual se planeó una excursión que partiendo de Alajuela y pasando por Heredia y San José llegaría a la vieja metrópoli.

Numerosas familias luciendo sus mejores prendas y muchas de ellas llevando su almuerzo, se dirigían presurosas a los respectivos vagones del ferrocarril; con la mente puesta en la noble causa de Monseñor Volio se olvidó de la verdadera capacidad del tren.

A las 7.30 A.M. la locomotora No 9 quien tenía como conductor a Don Gonzalo Facio padre del ex canciller Facio, a Don Víctor Calvo como maquinista y a Marco Tulio Vargas y Víctor Rojas como los guarda frenos, dio sus largos y respectivos pitazos anunciando la salida del convoy. Cinco vagones, dos de primera clase y tres de segunda que junto con la 1ocomotora comp1etaban un peso de ciento cuarenta y tres toneladas, partían abarrotados de personas.

En la ciudad de Heredia se detiene en la estación, los habitantes del lugar no quieren perder lugar en los vagones. Cada vagón lleva la extraordinaria cantidad de 125 personas. Hay quienes afirman que se habían puesto a la venta 1000 tiquetes y que desde el sábado estaban agotados.

Poco tiempo después de pasar a la altura de Pirro (Heredia) el tren empezó a tomar una velocidad excesiva, fuera de lo normal; las gentes alarmadas empezaron a gritar y a demandar el paro del convoy.

Mientras tanto en Santo Domingo de Heredia, en la estación al escuchar a la lejanía la aproximación del ferrocarril se ordenan para subir al tren, todos quieren ser los primeros y no perder sitio, obreros, y campesinos esperan pacientemente la hora para ocupar sus respectivos lugares.

La alegría se refleja en la cara de los domingueños al escuchar los pitazos que como de ordenanza realiza la locomotora pronta a llegar a la estación. La alegría rápidamente es cambiada por asombro; la máquina con sus respectivos vagones no se ha detenido y corre con rumbo Este, algunas personas se dejan oír con palabras de desaprobación, otros callan y meditan la poca usual velocidad que el tren llevaba al pasar por el lugar.

Posiblemente el conductor al saber de la cantidad de gente que transportaba decide no parar en la estación de Sto Domingo, por un designio del destino los habitantes del lugar salvarían sus vidas en la catástrofe que sucedería minutos después.

El tren después de pasar la estación se aproxima al puente del Virilla (conocido como “Puente Negro”, por el color de la estructura).

Construido en el año de 1901 mediante el contrato Pacheco-Pirie, se levanta a sesenta metros del cauce del río y a cinco kilómetros y medio de San José . El puente del Virilla fue construido en Nueva York y fue armado del lado de Sto Domingo de Heredia en una planicie que se hizo para tal fin.

En ese lugar cuando corren trenes durante la noche se pasa sigilosamente, por el peligro de animales atravesados en la vía y el tráfico de personas que muy frecuentemente lo usan.

La curva antes de llegar al puente, la velocidad del tren así como el estado de la vía (desgaste de los rieles) y el sobrecargo de pasajeros son las posibles causas del accidente.

Pasaron la locomotora y los dos primeros carros pero por la velocidad el último vagón se descarrila y produce una especie de “latigazo” a los restantes vagones; el carro fatal pega contra la estructura del puente y se hace añicos al tiempo que se desprende el techo y las personas son lanzadas al vacío; (muchas posiblemente mueren al golpe con el aire las demás se estrellan en la ladera y en las rocas del río. Astillas de metal y madera son armas mortales para las infelices víctimas que mueren al instante.

La alegría se ha eclipsado en un segundo. Un segundo vagón queda como balancín en el puente y empieza a vaciar sus pasajeros a aquel abismo que parece la boca del infierno. Cuerpos completamente destrozados de hombres mujeres y niños están en la ladera, en las rocas y en los restos de los carros, algunos de ellos cuelgan en las copas de los árboles.
El tercer carro queda atravesado sobre el puente, el tren se ha partido en dos y se detiene pocos metros después del puente, varias personas se devuelven y tienen que perforar el vagón atravesado para poder pasar. El fatídico tren avanza hacia San José a dar la mala nueva.

Una señora que había quedado colgando de un árbol, el cual le había salvado la vida; en el momento de tratar de rescatarla se rompe la cuerda que la sostenía y la mujer se estrella en el fondo del abismo ante las miradas horrorizadas de las personas que trabajaban en la labor de rescate.

El guarda-frenos Marco Tulio Vargas recibe heridas de consideración y Víctor Rojas salió ileso.

Varias personas empiezan a bajar por las escarpadas rocas al lecho del río y empiezan a buscar los destrozados cadáveres que allí se encuentran.

Un niño que viajaba en el tren se encontraba al lado de los cadáveres de sus padres, cuerpos horrorosamente mutilados, el niño milagrosamente se había salvado.

En San José se recibe el siguiente telegrama:

“Como a las nueve, a la entrada del Puente del Virilla, se volcó con dos carros pasajeros tren de excursión.
Hay numerosos heridos y muertos.”
Corresponsal.

El telegrama era enviado por el corresponsal del “Diario de Costa Rica” en Sto Domingo de Heredia.

Vehículos y camiones así como trenes se habían convertido en ambulancias; médicos, enfermeras, policías, bomberos y soldados se movilizaban a la zona de la tragedia. El Hospital San Juan de Dios se preparaba a recibir gran cantidad de heridos. El Dr. Moreno Cañas al saber la noticia se vino a pie desde San José para prestar ayuda.

Mientras tanto en el Virilla la pesadilla continuaba, una joven de 17 años de edad estaba colgando de un tirante en el puente. Pedía auxilio, después el cansancio la venció desprendiéndose para dar con su cuerpo en la profundidad del río, quedando completamente destrozada y con el cráneo abierto.

Una señora en estado de embarazo fue lanzada al abismo y como un muñeco roto se estrella en las rocas dando a luz en ese momento.

Los cadáveres enteros no podían ser identificados desde los primeros momentos, tal era el estado en que habían quedado; eran escenas de horror que crispaban los nervios. Los cadáveres triturados estaban por todas partes.

Un señor todavía con su sombrero se encuentra sentado en la ladera, tenía las vísceras sobre sus piernas.

Un joven entre los fallecidos no presentaba ninguna señal de haber sido golpeado, su ropa estaba en orden pero sus zapatos nuevos estaban destapados, es posible que este hombre cayó de pie y del golpe murió reventado, otros cuerpos se encontraban decapitados, los hierros del vagón habían realizado tan macabra tarea. Un hombre recibió tan fuerte golpe en la cabeza que ambos lados de las orejas formaban una especie de tortilla de una pulgada y media de grueso.
Otro pasajero quedó estrujado por el cuello en el vagón destrozado, muriendo ahogado; unos momentos de vida fueron vanos al tratar de salvarse.

El primer tren que partió hacia Heredia llevaba 23 muertos y 37 heridos, por orden del Superintendente del ferrocarril Mr. F. Sheegh todos los cadáveres tenían que salir del lugar de la tragedia en su respectiva caja.

A las 5 P.M. llega a Alajuela el primer ferrocarril con 34 cadáveres, las cajas se disponen en corredores donde los familiares los identificaban. Sobre pizarras se escriben los nombres de los fallecidos.

A las 9 P.M. llega nuevamente el ferrocarril a Alajuela esta vez trae 101 ataúdes, el Gobierno ha decretado duelo nacional por tres días, el pabellón permanece a media hasta y se suspenden las labores escolares lunes y martes.
Se instala un teléfono en el puente del Virilla para agilizar las acciones de salvamento, llega el Mayor Ortiz de la comandancia de Heredia y primera autoridad que se hace presente al tiempo que el maquinista y el fogonero son detenidos en la Segunda Sección de Policía (Poco tiempo después daría inicio un largo juicio para averiguar las causas del accidente).

Al lugar del suceso empiezan a llegar sacerdotes que proporcionan los santos óleos a los heridos, muchos de los cuales mueren en pocos segundos.

En el río un hombre al reconocer a su señora y dos hijos suyos que formaban parte de las hileras de cadáveres recibió tan fuerte impresión que le motivó la muerte inmediatamente. Este hombre venía en uno de los carros delanteros que no recibieron daño.

En Alajuela sucede lo mismo con una señora que identifica en la morgue del hospital a sus cinco hijos colocados en una misma caja.

Los encargados de las labores de salvamento últimamente lo que encuentran en el río son fragmentos humanos, el agua del río por varios segundos se torna de color rojo.

 
Fuente: Facebook Sergio Barquero Ramírez


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