Mario Chacón Segura
Una guitarra enamorada

¿Puede “jubilarse” un músico?

Pasan los años y las notas de sus canciones siguen sonando en todas las escuelas y colegios de Costa Rica, su Costa Rica. Cada septiembre la temblorosa voz de mil liras canta sus sones, y si por alguna razón un tico viaja al extranjero y allá, lejos del terruño escucha el Caballito Nicoyano, llora, suelta el llanto desgarrado que se sufre por la madre que falta.

Y es que don Mario nos dejó a todos cantando, nos dejó borrachos de marimbas y guitarras, nos dejó embriagados de boleros y maracas, nos dejó sin irse porque un músico no puede jubilarse, está por bendición sentenciado a permanecer dentro del pecho de su pueblo, a vibrar eternamente en las gargantas de su gente.

Hoy, son los niños y jóvenes moravianos los que traen a don Mario a tocar en éste parque que es tan suyo como nuestro, son ellos los que lo darán por abuelo a sus hijos, abuelo que camina ya por siempre en el pentagrama del alma de los ticos, abuelo enamorado de la vida que como sus canciones, sigue palpitando en la pupila lacrimosa del recuerdo.

¡Otra! don Mario ¡otra! no pare de cantar.

Breve reseña biográfica

Mario Chacón nació el 7 de diciembre de 1911 en San Rafael de Escazú. Adonde llegó su padre don José María Chacón Morales, nativo de Heredia, años atrás a trabajar en el negocio de las carnicerías, allí encontró a su esposa Zoila Segura, y con ella procreó cinco hijos, siendo Mario el mayor.

Con dos meses de nacido, Mario fue llevado por sus padres a vivir a Santo Domingo de Heredia, donde pasó su infancia entre jocotes, naranjos, trompos pesados de madera, bolitas (bolinchas), futbol y travesuras como cualquier guililla campesino. Bien mocoso salía corriendo de la escuela, Félix Arcadio Montero, y se iba a volar su joven alma de artista como se vuela un papalote enorme. Ya la música le había fecundado los sueños de chiquillo, y en la Calle Ronda (centro de Santo Domingo) había un señor zapatero que tenia un hijo músico, Mateo Chaves, quien buenamente confiaba en los bracillos flacos de “Marito” su guitarra de serenatero, y con ella le enseño al niño a tocar, le enseñó que una guitarra es una dulce mujer, porque tiene forma de mujer y canta, que debe tomarse con delicadeza y que para que suene bien, hay que hacerla sonar bien. Para cuando cumplió doce años, Mario había aprendido que Mujer, Guitarra y Patria, son una sola cosa, sabía también que irse a bañar sin permiso a la “Poza del Encanto” costaba tremenda chilillada, y que robarle melcochas a la señora que vendía dulces de tapa frente a la escuela, aunque fueran tan sabrosas, no era buena idea. De joven, vivió en Naranjo (Alajuela) donde trabajó con su padre en un almacén, y de ahí, se vino para San José. Aquí en Moravia lo picó con su diente finísimo, el amor, y se casó con doña Noerní Soto Umaña, con ella trajo al mundo nueve hijos: Roxana, Mariela, Edna, Mario (a quien se los llevó el Señor a cantar en su corte hace un par de años, porque Dios tiene un gusto exquisito) Jhonny, Pepe, Fernando, Norman y Allan. De ellos le brotaron a don Mario 25 nietos y 5 bisnietos.

Producción musical

“Lo mío es puro oído, no tuve tiempo en mi juventud de estudiar música”

Así decía don Mario, porque ciertamente, no cursó academia alguna propiamente dicha. A él lo fogueó la música nomás así salida de su pecho como mana agua de un manantial.

Chiquito, tocó en el coro de la Iglesia de Santo Domingo de Heredia, y con el mismo candor, años más tarde, se animó a tocar un paso doble titulado “España” en una fiesta de cumpleaños que le hicieran a su entonces jefe Laureano Echandi, en la Secretaría de Hacienda, y su impecable ejecución le abrió las puertas de su aventura artística. Inició formalmente en 1929 cantando con su guitarra en la radio “Nueva Alma Tica”, propiedad de Gonzalo Pinto.

El primer conjunto musical del que formó parte se llamaba “Los Ídolos Criollos”, con “El Gaucho Muñóz”, “Pipe Madrigal Nieto, y Otto Hutt. En 1934, con el apadrinamiento del doctor Bañón, formó el “Cuadro de Buenos Aires” con don Mario como director, Antonio Meléndez, Ismael Murillo y Francisco Brenes, y viajaron a México, Centroamérica y Cuba, entre 1948 y 1949, pero al volver a Costa Rica el grupo se desintegró.

Tiempo después, don Mario conforma un grupo por excelencia suyo, pues como él lo expresaba:

“Los ticos” son los míos, es mi grupo original. Su repertorio estuvo integrado básicamente por música nacional, siendo la mayoría de canciones compuestas por él. Los Ticos, se presentaron exitosamente en Centroamérica, Miami, y en México, actuaron en la XEW y El Patio de México. En La Habana (Cuba) alternaron con Pedro Vargas y René Cabel, en el Teatro América, lugares de gran prestigio entonces.

En 1965 el trío Los ticos se transformó en el “Conjunto Rítmico Los Ticos” con 12 integrantes, y se dedicó a la música popular. Mario Chacón Segura compuso más de 200 canciones, grabó siete discos, y heredó a sus hijos y nietos el amor por la música y la pasión por la Patria. Son semillas de su alma, tres generaciones de Chacones que cantan y ponen a suspirar a cualquiera cuando toman una guitarra, también ellos saben que es una mujer la que canta entre sus brazos.

De su producción de música típica, las canciones más importantes son:

“Así es mi tierra”,

“Ticas Lindas”,

“Mi Novia Linda”, y por supuesto

“Caballito Nicoyano”.

Primer Festival de Próceres, Moravia, 14 de diciembre de 2008.


Relacionado:

Comentar en Facebook

comentarios

Etiquetado en:
Este sitio utiliza cookies. Conozca más sobre las cookies