Eunice Odio

Eunice Odio

…ser hijo de sí mismo.
Es el segundo alumbramiento
”.

E. O.

Excursiones de libertad

Eunice es una niña que deambula por las calles del San José de 1926. Con siete años de edad, se fuga de su casa, sin importar el castigo que la espera al término de cada una de sus “excursiones de libertad”, según sus palabras de adulta.

La niña es inquieta y rebelde, camina, observa… busca algo que la ciudad no parece aportarle. Necesita el contacto con un acontecer externo a su hogar, el cual fotografía a través de sus grandes ojos verdes.

En su primer día de escuela, Eunice se sorprende al descubrir la posibilidad de la lectura. Tanto así, que aprende a leer en dos días. Súbitamente, “el gatito de los Odio”, como la llamaban en su barrio, decide precipitarse en el mundo de los libros y dejar atrás la subversiva vida de pequeña-casi-nómada que llevaba. De sus caminatas aprehendió aspectos de la vida que ahora puede comprobar en letras de molde, inclusive, tocarlos, cambiarlos y, sobre todo, expresarlos a su manera. Y así ha de hacer, por el resto de sus días.

Eunice Odio, una extraordinaria mujer y poetisa, nació en Costa Rica el 18 de octubre de 1919 y vivió intensamente, en constante búsqueda de la armonía entre voz y estética, que aunque la tuvo consigo desde siempre, consiguió depurarla por medio de su obra.

… en realidad dejé de ser niña, en estricto sentido de la palabra, a los ocho años, tan pronto como pisé un aula“(1), cuenta la dueña de una inteligencia deslumbrante, “ordenada” -término de su propia cava-. En un solo período cursó quinto y sexto grados de educación básica y al finalizar fue condecorada con la “Pluma de Oro”, distinción dada al mejor alumno. Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio Superior de Señoritas.

Del cajón de recuerdos de su niñez sobresalen dos hechos: el primero, un accidente casero que le produce quemaduras en todo el cuerpo a los ocho meses de haber nacido. Su padre fue quien la curó y le evitó vivir con las cicatrices de tan nefasto episodio. El segundo, la muerte de su madre cuando ella tenía once años.

En tránsito de fuego

Pocos conocen quién fue Catalina Mariel, porque tuvo una corta existencia. El nombre corresponde al seudónimo utilizado por Eunice al dar sus primeros pasos líricos. Esto sucede al inicio de los años cuarenta, cuando la radio da voz a sus poemas. Para entonces ella ha contraído matrimonio (28 de mayo de 1939). Sin embargo, la relación conyugal es una etapa de corta duración en su vida, decide separarse dos años y medio después. Debido a la repulsión que motivan en Eunice las biografías, quien afirma que “no sólo no me gusta, sino que hasta me hace sufrir, ver mi intimidad en letras de molde”(2), poco se conoce sobre muchos aspectos de su vida, en cuenta éste.

En 1945 comienza a publicar. Lo hace primero en REPERTORIO AMERICANO, revista de corte literario, y en el periódico LA TRIBUNA.

Finalmente, en 1947, gana el Premio Centroamericano de Poesía “15 de septiembre”, con sede en Guatemala. Los ELEMENTOS TERRESTRES es la obra que presenta y que la hace acreedora del primer lugar. En su primer libro, realiza una incursión por un universo idóneo y mítico a la vez, plagado de sensualidad y principios -o motivaciones-esenciales entre el Amado y la Amada, dos seres arrancados de nuestra mitología cotidiana y dibujados, sublimados por la autora y su verbo en el plano de la creación poética, sumida en una naturaleza primigenia.

Alguien pasa rozándome las venas
y se abre el surco entre la flor y el labio.

La lectura de la BIBLIA marca un profundo hito en su obra -ella misma afirma que el texto es su lectura constante-. Muchos de los poemas de Los ELEMENTOS TERRESTRES son antecedidos por una cita del texto cristiano e igualmente, partirá de enunciados bíblicos en la creación de EL TRÁNSITO DE FUEGO. La poetisa desarrolla una exhaustiva conciliación con su parte espiritual, inquietud que al parecer trae en su sangre, pues “su familia paterna tuvo gran injerencia en la fundación de la Sociedad Teosófica en Costa Rica, una de cuyos integrantes donó el terreno en que actualmente se encuentra esta Sociedad”(3). Desde joven muestra inclinación hacia el esoterismo, misma que la llevará, posteriormente, a iniciarse en la Orden Rosa-cruz, hacia el final de sus días.

Pero ella no se considera satisfecha con la invocación surgida en alianza con los postulados bíblicos. Su palabra le demanda aún más y por ello llega a la creación de su propia mitología. Ella comenta que, en una ocasión, Octavio Paz le advirtió: “Tu, querida, eres de la línea de poetas que inventan una mitología propia, como Blake, como saint John Perse, como Ezra Pound; y que están fregados, porque nadie los entiende hasta que tienen años o aun siglos de muertos“(4).

Eunice Odio viaja a Guatemala para recibir el premio y ahí descubre un nuevo espacio, con mayores potencialidades para su quehacer, ajeno al ambiente pequeño burgués que domina a la Costa Rica de entonces (tal vez conservado hasta la actualidad), complaciente con los miembros de una pequeña oligarquía e indiferente con los demás. Por ello, decide establecerse en la antigua Capitanía General de Centroamérica, en 1948. Se hace ciudadana guatemalteca y trabaja para el Ministerio de Educación. Al parecer su decisión de dejar el territorio patrio trae nuevas oportunidades; viaja por Centroamérica, Cuba y Panamá, dejando la huella en varias publicaciones, como el caso de la revista CULTURA, de El Salvador. Asimismo, a partir de este año comienza a trabajar en lo que será su obra cumbre: EL TRÁNSITO DE FUEGO.

¡México es el colmo de la pasión!

En 1955 Eunice cambia, una vez más, de escenario: se establece en México. El 9 de febrero de ese año, finalmente encuentra el sitio en donde se siente acorde con su pasión. En una carta a su amigo Juan Liscano, lo describe como “… el país más bello de nuestra Hispanoamérica. (Ni más ni menos! Y esto es así porque su gente es como es: mágica y dulce como los esqueletos de árbol que halla la primavera … Puedes ser gozoso en mil formas todos los días“(5).

En su ¡Dulce México!, como lo llama en una de sus cartas, realiza una producción intensa: Eunice Odio es poetisa, ensayista, crítica de arte, periodista y cuentista. La producción odiana alcanza su mayor apogeo. La tierra azteca es el taller de esta alquimista de la palabra. Es aquí donde termina su obra maestra: EL TRÁNSITO DE FUEGO.

También incursiona en la prosa y lo hace exitosamente. Escribe EN DEFENSA DEL CASTELLANO, una lección sobre el valor de nuestra lengua y sus múltiples riquezas expresivas, que germinan en la mano de quien bien lo conozca y sepa utilizarlo eficazmente.

Sus cuentos son dos: HABÍA UNA VEZ UN HOMBRE (1965) y EL RASTRO DE LA MARIPOSA (1966).

El primero, de corte kafkiano, presenta la transmutación, simbólica y real, de un recolector de basura en mariposa azul. Su protagonista surge de la observación de la autora de un hombre que lleva a cabo esa ardua tarea frente al edificio de su apartamento. El relato comienza con el enunciado: “Había una vez un hombre que será …” Esta aparente contradicción en la misma frase, lleva de bruces a un lector extrañado, que se cuestiona tal construcción gramatical, a sumergirse en la trama, que será descifrada en su desarrollo. Al concluir la idea inicial se une a las dos últimas palabras: “Mariposa dormida”. Principio y fin de la narración se unen en una sola frase con sentido ideológico coherente: “Había una vez un hombre que será … Mariposa dormida”.

EL RASTRO DE LA MARIPOSA expone la metamorfosis del Dr. Hans Arnim, científico, convertido, también, en una mariposa. De acuerdo con la Dra. Rima de Vallbona, exhaustiva estudiosa de la obra odiana, “… bien puede clasificarse (…) como ciencia-ficción; es un opúsculo fantástico constituido por una serie de hipótesis y hechos científicos entreverados con aventuras que ocurren en otra realidad y dimensiones temporales“.

Según lo expresa Odio en una de sus cartas: “en realidad lo que anuncia el cuento es la muerte. Lo que allí ocurre no es una metamorfosis“(6). Su comentario aclara la intención de cada uno de los cuentos que para muchos resultan similares debido al uso de un mismo símbolo como fin de la historia. En el primer caso, el personaje central inicia un proceso de cambio que termina con su renacimiento en una nueva forma -la mariposa para el psicoanálisis es símbolo de renacer- mientras que en EL RASTRO DE LA MARIPOSA el lepidóptero desaparece, muere: “Fue entonces cuando vio y se inclinó para mirar, con ojos de poseído. Allí estaba sólo eso: una crisálida ¡risada, transparente, rota hacía unos segundos, todavía húmeda“(7).

Dos cuentos bastaron para evidenciar las habilidades de Eunice como narradora y borrar el temor de ser incapaz de contar un cuento, sensación que la atormentó antes de animarse a darles nacimiento.

Es importante señalar que en su labor periodística demuestra ser una amplia conocedora de los temas. La rigurosidad que caracteriza, al parecer, todos los aspectos de su vida, no escapa a escritos como EL SURREALISMO EN LA PINTURA DE MÉXICO, TAMAYO Y EL REINO DE LA LUZ Y PEDRO JOAQUÍN CHAMORRO: ESTIRPE SANGRIENTA: LOS SOMOZA, una reseña sobre el libro que escribió el periodista y detractor del régimen de los Somoza en Nicaragua.

Dondequiera que su pluma se pose queda de manifiesto un arduo trabajo de investigación, producto de su “inteligencia ordenada”, que lleva a la consideración de sus trabajos, excelentes puntos de referencia.

En 1956, Eunice sufre por dos muertes … Su padre, Aniceto Odio – a quien ella adora; al punto de imprimir características paternas en Ion, el protagonista de EL TRÁNSITO DE FUEGO- y su amiga íntima Yolanda Oreamuno, quien luego de una lenta y cruel enfermedad, muere, en sus brazos.

En 1959, deja México y sube la frontera. Poco se sabe de su estadía en Nueva York.

En algunas de sus cartas opina sobre la vida en ese país y de su pasión por la ciudad y su río Hudson, el Inmenso y Profundo, y Prodigioso.

Regresa a la capital azteca en marzo de 1962. Ese mismo año adopta la ciudadanía mexicana y retoma sus actividades relacionadas con la pluma. Aprovecha su habilidad con el inglés y hace de traductora, nueva fuente de ingresos.

Sin embargo, los problemas económicos son una carga frecuente. Ella no permite que dominen su vocación de escritora ni su amor por la tierra del mariachi. Por ejemplo, en 1963 declina la oferta de un trabajo bien remunerado en Roma. Eunice permanece en México.

Ella come, duerme y respira del contacto con la cultura azteca, donde la fantasía se mezcla con la realidad, donde el cristianismo se une con la mitología indígena y donde el llamado “realismo mágico” es algo cotidiano.

A partir de 1964, extrañas manifestaciones se producen en su presencia. Estas van desde zanahorias eternas, que no se pudren, y hierbas de olor que retoñan en su refrigerador, hasta experiencias lumínicas que acontecen en su departamento, “una especie de cometas diminutos, archiluminosos (…) con una luz de plata“(8), de acuerdo con su descripción.

Su epistolario está lleno de menciones sobre estos fenómenos:

… empezaron a salir, de mi cuerpo, una enorme cantidad de filamentos luminosos, que tendrían entre 6 y 8 cm de largo y el grueso de un cabello muy fino. Salieron de mí, como digo, en enormes cantidades y creo que más veloces que la luz misma“(9).

Vi entonces, joyas en el aire. Pequeños cuerpos luminosos que destellan; como diamantes en vuelo“(10).

Motivada por estas percepciones extrasensoriales ingresa en la Orden Rosacruz, donde alcanza el Segundo Grado Superior del Templo, según sus propias palabras: “… porque ya no podía seguir así, con fuerzas desatadas dentro y alrededor de mí…“(11). Esta nueva faceta no la hace olvidar su profunda devoción hacia San Miguel Arcángel, sino más bien refuerza un fuerte enlace con esta figura, referente simbólico en su vida y su obra misma. El Capitán de los Ejércitos Celestes es la fuente de inspiración de uno de sus poemas más conocidos, PRO SANCTO MICHAELE, escrito en 1965. Motivado por sus palabras, el pintor Gonzalo Ceja realiza un mural.

En 1967, Eunice es invitada a leer Los TRABAJOS DE LA CATEDRAL, (incluido en la tercera parte de EL TRÁNSITO DE FUEGO), a las Galerías Excelsior. Asiste, previendo una audiencia mínima. Para su sorpresa, declama ante más de mil personas, que guardan absoluto silencio durante la hora y media en que lee ese poema.

Posteriormente, el director chileno Alejandro Jodorowsky (El Topo, Fando y Lis) le propone la puesta en escena del poema. La idea entusiasma a Odio, quien afirma que “la cosa se hará por todo lo alto”, con música compuesta para la ocasión, probablemente interpretada por la Orquesta Sinfónica de México y teniendo como escenario la bella Catedral de Cuernavaca. Por razones desconocidas, este proyecto no llega a realizarse.

EN DEFENSA DEL CASTELLANO, una elocuente exposición sobre la riqueza y las virtudes de nuestro idioma, es publicado en 1972. Aunque la fortuna no le ha extendido su sonrisa en la tierra azteca, ella es feliz en su territorio, con su cultura. Así lo demuestra en este ensayo, al manifestar que “México es el colmo de la pasión, la sensualidad y el misticismo“(12).

Apasionada por la obra de la escritora estadounidense Elinor Hoyt Willie EL ÁNGEL HUÉRFANO, solicita la beca Guggenheim para su traducción. Sin embargo, la petición es denegada. Intenta, por medio de su amigo Juan Liscano, conseguir una casa editorial para que financie este plan, sin embargo, nunca recibe una propuesta.

Legado luminoso

Sola y pobre. Así murió Eunice Odio el 23 de marzo de 1974. Su cadáver fue descubierto, a los diez días de fallecida, en la bañera de su apartamento, el 16 de la Calle Río Neva, en el Distrito Federal. Se desconocen las razones que la llevaron a considerar la muerte como una opción. A voces tímidas se habla de un suicidio, poco se dice en concreto. Extrañamente, ella misma había manifestado, en cierta ocasión: “Yo nunca me suicidaré, pero comprendo que otros lo hagan para salir de tanto asco“(13).

A su funeral asistieron cuatro o cinco personas, amigos suyos. En Costa Rica la noticia de su muerte se conoció con posterioridad y apenas levantó unos cuantos comentarios.

El presagio que le hiciera Octavio Paz se ha cumplido. Dichosamente la hemos entendido en años y no siglos, como lo considerara el escritor. La palabra de Eunice ha sido rescatada del olvido. Los estudios realizados por la Dra. Rima de Vallbona sobre su producción, una antología editada por su gran amigo Juan Liscano, así como la excelente edición de sus obras completas, bajo el liderazgo de la investigadora Peggy von Mayor, la resucitan de entré las páginas borradas de la historia. Asimismo, periódicos, revistas, foros y hasta un proyecto de traducción de su obra al inglés, mantienen vigente su verbo, adelantado a su época.

Eunice Odio, dueña de sí, un espíritu ante todo libre, creador, con una inteligencia “ordenada” deslumbrante, supo plasmar su visión luminosa en cada uno de sus escritos, se trate de poemas, ensayos, artículos, cartas o cuentos. Ella está allí, en cada una de sus letras, fieles representantes del ingenio y la pasión que guiaron su vida y su obra.

Tal vez, al saludo con la muerte, Eunice repitió las palabras de su Ion, de EL TRÁNSITO DE FUEGO, y dijo: “estoy fatigada, vengo de hacer una inmensa tarea

Yo quisiera ser niña(14)

Yo quisiera ser niña
para acoplar las nubes a distancia
(Claudicadoras altas de la forma),

Para ir a la alegría por lo pequeño
y preguntar,
como quien no lo sabe
el color de las hojas
¿Cómo era?

Para ignorar lo verde,
el verde mar,

La respuesta salobre del ocaso en retirada,
el tímido gotear de los luceros
en el muro vecino, Ser niña
que cayera de pronto
dentro de un tren con ángeles,

que llegaban así, de vacaciones
a correr un poquito por las uvas,
o por nocturnos
fugados de otras noches
de geometrías más altas.

Pero ya, ¿qué he de ser?
Si me han nacido estos ojos tan grandes,
y esos rubios quereres de soslayo.

Cómo voy a ser
ya esa que quiero yo
niña de verdes,
niña vencida de contemplaciones,
cayendo de sí misma sonrosada,
… si me dolió muchísimo decir
para alcanzar de nuevo la palabra
que se iba,
escapada saeta de mi carne,

y me ha dolido mucho amar a trechos
impenitente y sola,
y hablar de cosas inacabadas,
tinas cosas de niños,
de candor disimulado,
o de simples abejas,
enyugadas a rosarios tristes.

O estar llena de esos repentes
que me cambian el mundo a gran distancia,
Cómo voy a ser ya,
niña en tumulto,
Forma mudable y pura,
o simplemente, niña a la ligera,
divergente en colores
y apta para el adiós
a toda hora.

Eunice Odio

El número 16, de la calle Río Neva, en el Distrito Federal. El edificio de apartamentos, donde vivió y murió Eunice Odio, fue demolido. En su lugar, una construcción moderna alberga el Sindicato de telefonistas de la República Mexicana.

Tomado de “Tres mujeres apasionadas” de la Revista herencia de la UCR, programa de rescate y revitalización del patrimonip cultural.

Obra

1948. Los elementos terrestres
1953. Zona en territorio del alba
1970. El rastro de las mariposas
1974. Territorio del alba y otros poemas
1975. Eunice Odio Antología

Cronología
 
1919.Nace en San José, Costa Rica, 18 de octubre.
1945.Publica poemas en el Repertorio Americano de Joaquín García Monge, en el periódico La Tribuna y en el periódico Mujer y Hogar.
1947.Viaja a Guatemala para recoger un premio de poesía, a dar charlas y conferencias. Finalmente, decide quedarse a vivir en ese país.
1950.Vive en México hasta su muerte, con excepción de dos años y medio que vive en Estados Unidos. En México trabaja en periodismo cultural.
1962.Se nacionaliza como mexicana.
1963.Publica una serie de artículos donde se manifiesta en contra del comunismo y de Fidel Castro. Esto le trae el repudio de la izquierda mexicana, lo que constituye un obstáculo en su carrera periodística.
1964.Colabora con la revista venezolana Zona Franca.
1974.Muere en México, D. F., 23 de marzo. En los últimos años de su vida alimentó su existencia con el alcohol. Murió cuando preparaba las pruebas de corrección de la antología de sus mejores poesías. Territorio del alba y otros poemas, que tuvo edición postuma el mismo año de su fallecimiento.

Galería

 
Notas

1. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. Vol. I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p. 374.

2. Eunice Odio. Antología-Rescate de un gran poeta. Ed. Juan Liscano. Caracas: Monte Ávila Editores. 1974, p.148.

3. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. Vol. I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p.62.

4. Eunice Odio. Antología-Rescate de un gran poeta. Ed. Juan Liscano. Caracas: Monte Ávila Editores. 1974, p.181.

5. Rima de Vallbona. La obra en prosa de Eunice Odio. San José: Editorial Costa Rica. 1980, p.274.

6. Eunice Odio. Antología-Rescate de un gran poeta. Ed. Juan Liscano. Caracas: Monte Ávila Editores. 1974, p.157.

7. Eunice Odio. El rastro de la mariposa. En: Rima de Vallbona. La obra en prosa de Eunice Odio. San José: Editorial Costa Rica. 1980, p.252.

8. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. Vol. I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p.306.

9. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomo. Vol I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p.305.

10. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. Vol. I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p.306.

11. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. Vol. I. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p. 386.

12. Eunice Odio. En defensa del castellano. En: Rima de Vallbo¬na. La obra en prosa de Eunice Odio. San José: Editorial Costa Rica. 1980, p.168.

13. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, p.378.

14. Eunice Odio. Obras completas. Ed. Peggy von Mayer. III tomos. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica. Editorial de la Universidad Nacional. 1996, pp. 100,101.


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