Introducción

MINISTRO DE EDUCACION PUBLICA
DEPARTAMENTO DE EXTENSION CULTURAL Y BIBLIOTECAS

Rubén Darío

Ruben Dario en Costa Rica

I.-Cuentos

PRESENTACION

Celebramos con júbilo el centenario del nacimiento de Rubén Darío. El 18 de enero de 1867 nació en Metapa, Nicaragua —ahora Ciudad Darío— el futuro cantor del Continente y genio de las letras hispánicas.

Costa Rica siempre lo ha amado como hijo suyo, con cariño que brota del corazón. Y el eterno peregrino, —amante de la belleza y de la verdad—, tuvo afecto profundo por la corronga Costa Rica, a la que interpretó y cantó.

Antes de venir a nuestra Patria, Rubén Darío ya había sentido el hechizo de lo costarricense: de niño —cuenta en su autobiografía— conoció a D. Pedro Alvarado, cónsul de Costa Rica en Nicaragua. Luego, se hace amigo íntimo de Aquileo J. Echeverría, “el poeta nacional, el poeta familiar” como solía llamarlo; más tarde,, con el periodista costarricense Tranquilino Chacón, publica en 1890, en San Salvador, el diario “La Unión” y, allá conoce a Rafaelita Contreras, la Stella de sus poemas (de origen costarricense) con quien casa y viene a radicar a Costa Rica. Aquí nace su hijo primogénito; aquí escribe una fecunda obra literaria y, diariamente riega su mensaje de “amor a la belleza y a la verdad” hasta el grado de que hoy, los estudiosos lo consideran entre los grandes propulsores de la cultura costarricense.

Si bien Rubén Darío posa fugazmente su planta en Costa Rica —apenas nueve escasos meses entre el 24 de agosto de 1891 hasta el 15 de mayo de 1892— de su pluma salieron muchísimas páginas. Algunas tienen el valor aleatorio; otras,-si no son de lo más excelso de su producción, son valiosísimo legado. En su “tarea” —según él la llama— dice: “Me ocuparé en este hermoso y joven país de Costa Rica considerándolo bajo sus distintos aspectos. Diré lo que pienso de sus costumbres, del espíritu de sus hombres, de su cielo, de su tierra, de sus poetas y de sus mujeres”. Se advierte un programa nacionalista cuyos propósitos logra, pese a “lo fortuito y saltuario de su contextura”, y a la resonancia local, como señala acertadamente el estudioso José María Arce.

En 1919 y 1920 Teodoro Picado M., gracias a estímulos del benemérito Joaquín García. Monge, recoge parcialmente la producción rubendariana que se encuentra en los periódicos costarricenses. Sus dos tomos de Rubén Darío en Costa Rica constituyen ahora, una rareza bibliográfica, delicia únicamente para eruditos. De ellos hemos entresacado la presente colección de cuentos de Darío y los hallados por investigaciones de Ernesto Mejía Sánchez.

Los reproducimos sin notas eruditas, con el propósito de que estos 10 cuentos que Rubén Darío escribió o publicó por primera vez en Costa Rica, constituyan generosa fuente de goces. Que su simple lección “en textos fidedignos y dispuestos en orden cronológico”, pueda leerse claramente.

Volvemos a encontrar aquí, en estos 10 cuentos de los 77 que suman el total, al experimentador y al renovador preocupado por el arte de la ficción en prosa. Y, en su conjunto se suman a la innovación de la prosa hispanoamericana del siglo XIX. Y, volvemos a encontrar a Darío siempre “poeta lírico incorregible”, “muy antiguo y muy moderno”, “audaz y cosmopolita”.

En los 10 cuentos que contiene este libro hay lo exótico, lo realista, la recreación arqueológica, la página autobiográfica, la mitología, la hagiografía, la denuncia social y la visión misteriosa. Todo ello está expresado en este manojo de cuentos.

Para reproducirlos hemos acudido a las amarillentas páginas de los periódicos costarricenses finiseculares. Al pie de cada cuento aparece consignada la procedencia y demás datos necesarios para la confrontación histórica. También hemos consultado el dato erudito de la edición de Ernesto Mejía Sánchez en sus Cuentos completos de Rubén Darío que, con prólogo de Raimundo Lida, publicó en 1950 en las prensas del Fondo de Cultura Económica de México.

Con la presente edición de los cuentos de Darío iniciamos nuestra serie Rubén Darío en Costa Rica. En futuros tomos publicaremos la obra periodística, las crónicas, los poemas y noticias biográficas y estudios sobre la permanencia y trascendencia de la obra rubendariana. Reuniremos en una colección cuanto pueda anhelar el lector atento y curioso; cuanto pueda preferir el erudito y, aquello o lo otro que contribuya a la exaltación de la memoria del poeta hispánico.

Antes de concluir esta notícula introductoria queremos expresar nuestro profundo agradecimiento daríista a la Licenciada Use Hering Q., directora del Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación Pública por la generosa y entusiasta acogida a nuestro plan editorial y, por cuya visión ha sido posible editar el presente tomo.

Luis Ferrero Acosta

San José, Costa Rica
1967. Año “Rubén Darío”.

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