Sobre los orígenes de la ciudad de Heredia

Sobre los orígenes de la ciudad de Heredia

Las ciudades costarricenses del siglo XVIII, y Heredia no es la excepción, nacieron alrededor del templo católico. La devoción a la Inmaculada Concepción nació el año 1706 en el primer asiento de la futura ciudad, el que se localiza hoy en un punto entre Lagunilla y Barreal de Heredia, el que entonces se solía nombrar Alvirilla. El primer templo en el paraje llamado de Cubujuquí, empezó a ser levantado en 1714, precisamente en la misma manzana donde hoy se levanta la gruesa mole de nuestro templo parroquial. Alrededor del templo es que se empieza a constituir el poblado nombrado de la Inmaculada Concepción de Cubujuquí, hecho que viene a significar el nacimiento de la actual ciudad de Heredia.

En cuanto al nombre de Cubujuquí es preciso señalar que ya en 1569 se habla de un área principal de indios dentro del Valle Central nombrada Coboboci, la que se ubicaba “en la quebrada de una parte y otra”. Se ha pensado que la quebrada ha debido ser el primer nombre que dieron los españoles al río Virilla y por lo tanto Coboboci podría ser la forma primera registrada de lo que más tarde sería el vocablo Cubujuquí; pero este primer nombre no vuelve a citarse más en los documentos coloniales.

En el siglo XVIII Cubujuquí era ya un extenso paraje que formaba parte del valle de Barva, el que comprendía desde los linderos con ese pueblo de indios de Barva, más exactamente desde el lugar nombrado hoy Santa Lucía, hacia el sur hasta el río Virilla y la población del Barreal, lugar este último nombrado en un documento de 1777 como Las Pilas de Cujuquique o de Cubujuquí. Este vocablo es sin lugar a dudas de origen indígena, y en particular se deriva de la lengua huetar. Por muchos años no ha sido del todo claro el significado de este vocablo, que lo podemos asociar con Tucurrique, Teotique y otros términos locativos similares de esos mismos indios. Según las cartas de Vázquez de Coronado, Yorusti fue el cacique de Cobux, el que se asentaba en tierras enclavadas en la parte este de la actual provincia de Heredia. Cubujuquí, según el estudioso Obispo Bernardo Augusto Thiel, es el nombre de la región dentro de la que se halla la casa del Cubu (o Cobux). Cubujuquí en términos más precisos quiere decir: ‘Tierra que está ubicada en el área donde reside el jefe”. La arqueología herediana ha demostrado ser poseedora de importantes muestras de una variada y vasta riqueza de cultura material, lo que nos convence de la posibilidad de que dentro de este territorio hubiese podido vivir un importante cacique huetar. Es incluso bastante probable que lo hubiese sido Yorusti o Yuruci, cacique que es mencionado en la misma área de la actual provincia de Heredia de 1563, en las cartas de relación sobre la provincia de Costa Rica, escritas por el conquistador donjuán Vázquez de Coronado.

El 1719 el Gobernador don Diego de la Haya habla ya del naciente poblado de Cubujuquí y escribe que consistía en “una iglesia y ocho casas pajizas”, lo que nos lleva a hacer un estimado de unos treinta y seis habitantes en ese centro de población. Por 1748 se obligó a los vecinos que vivían en los campos, a avecindarse en el nuevo poblado. Otro testimonio de 1752 del Obispo Morel de Santa Cruz expresa que:

“La poblazón se compone de veinte y cuatro casas y Cabildo de teja, y setenta y nueve de paja, que forman cuatra calles de Oriente a Poniente y cinco de Norte a Sur”.

El dato nos lleva a estimar en unos 460 habitantes la población urbana total para 1752 y el espacio urbano nos resulta bastante reducido, de alrededor de unas doce manzanas o cuadras. Es preciso, sin embargo, pensar que entonces muchos de los mestizos vivían en áreas no demarcadas en cuadras, probablemente en el área de la periferia y en asentamientos lineales sobre los caminos de acceso al centro de la ciudad. Si comparamos estas cifras con los datos de treinta y dos años atrás, tenemos que reconocer que se ha producido un crecimiento bastante acelerado en el poblado. Como cincuenta años más tarde el Gobernador don Tomás de Acosta habla que hay familias:

algunas de ellas de españoles, que son reputados por nobles y las demás de mestizos y mulatos“.

Cabe pensar que las casas de adobes eran las de los españoles y las de paja de los mestizos y mulatos. Ello nos daría alrededor de un 20% de españoles y el resto de mestizos y mulatos (estos últimos residentes en La Puebla).

Por gestiones que realizaran los vecinos de Cubujuquí en 1755 y 1763 ante las autoridades de Guatemala, para conseguir para el vecindario el título de villa, conocemos muchos de los nombresyapelh^osdelosprimerosvecinosypobladores. Entre los apellidos, citaremos aquí la mayor parte de los que actualmente existen. Van por orden alfabético, se hallan los Aguilar, Alfaro, Alvarez, Araya, Arguedas, Arguello, Arias, Azofeifa, Barrantes, Benavides, Bogantes, Bonilla, del Campo o Campos, Conejo, Chaverri, Chaves, Espinosa, Fernández, Flores, González, Gutiérrez, Guzmán, Herrera, Hidalgo, Jiménez, Lara, Ledez-ma, Lizano, López de la Rea (o simplemente López), Madrigal, Marín, Morera, Moya, Paniagua (más bien Escalante Pania-gua), Pérez de Cote (o simplemente Pérez), Porras, Quesada, Reyes, Rodríguez, Rojas, Ruiz de Mendoza (hoy simplemente Ruiz), Saborido (hoy Saborío), Salas, Sancho de Castañeda (hoy sencillamente Sancho), Sandoval, Solís, Soto, Ugalde, Ulate, Vargas, Villalobos, Yanguas, Zamora, Zumbado, etc. Algunos de los apellidos que aquí se citan, figurarán además a partir de 1782 dentro del vecindario de Alajuela, ciudad que surge como expansión hacia el oeste de los pobladores de Heredia. Todo ello en perjuicio de la extensión de la jurisdicción de Heredia dentro del Valle Central, dado que originalmente sus límites alcanzaban desde el río Virilla hasta los Montes del Aguacate. Con la erección de parroquia de Alajuela en 1870, el lindero sería en adelante el paso del Guayabo sobre el río Segundo (donde está hoy la Cervecería Costa Rica). De allí el disgusto de los heredia-nos ante la creación de Alajuela, dado que se les redujo sensiblemente su jurisdicción territorial. Cabe afirmar que de los apellidos españoles que han sido citados dos tercios de ellos por lo menos corresponden a un origen castellano. Lo que sucede es que durante la reconquista los castellanos se extendieron por el sur hasta asentarse en Extremadura y Andalucía; fue desde allí desde donde pasaron hacia América. Esto significa que en la realidad dentro de este grupo predominan los pobladores andaluces y extremeños (de orígenes castellanos), y siguen luego los castellanos, hasta completar éstos alrededor de los dos tercios del total. El resto corresponde a apellidos de otras partes de la península, entre los que hallamos algunos del País Vasco, otros provenientes de Galicia, varios de Asturias, e incluso a uno de Aragón, etc.

Un censo de Villa Vieja que levantó el cura del poblado en 1775, nos señala que existían en toda la jurisdicción (incluida la de Alajuela) un total de 6.572 habitantes. Un 20% eran tenidos por españoles, un 70% eran calificados como mestizos y existía alrededor de un 10% de pardos y negros.

El día 1 de junio de 1763 el Capitán General de Guatemala don Alonso Fernández de Heredia confiere el título de Villa a la población que se denomina Villa de la Inmaculada Concepción de Cubujuquí de Heredia. Era una práctica generalizada que el Capitán General impusiera su apellido al conceder el título de villa. Este derecho estaba condicionado a que se cumplieran ciertos requisitos legales y financieros, los que por motivo de los gastos incurridos en la atención de los pleitos que se llevaron hasta Guatemala con los indios del pueblo de Barva, no pudieron cumplirse. Por esta razón, la población perdió diez años más tarde el derecho a ser tenida como villa, pero los recuperaría en 1813, por gestión realizada en España por el diputado por Costa Rica ante las Cortes de Cádiz. Esto llevó incluso a que en enero de 1813 se instalase el primer cabildo o municipalidad que existió en Heredia, el que duró hasta setiembre de 1814 en que se la suprimió, por haber el Rey Fernando VIII dejado sin vigencia la Constitución de 1812.

En informe de enero de 1803, el Gobernador don Tomás de Acosta, escribe sobre el vecindario de la actual ciudad de Heredia, lo que sigue:

Generalmente hablando las gentes de Villa Vieja de Heredia son laboriosas, de arreglada conducta y dócil índole, y viven en paz y armonía; pero no así en esta ciudad (Cartago), donde la mutación, el odio, el ocio y la cavilosidad parece que son su patrimonio“.

Al llegar la Independencia en 1821, la ciudad de Heredia contaba con alrededor de unos 2.000 habitantes; en noviembre de 1824 se le confiere a Heredia el título de Ciudad. La cifra de población alcanza en 1864 a los 3.146 (datos que sacamos del primer censo confiable habido en el país). En el siguiente censo de 1883, se alcanzan ya en la ciudad los 4.234 habitantes; con el de 1892 llega Heredia a los 6.047 habitantes; en el de 1927 la cifra asciende ya a 7.631 habitantes; con el censo de 1950 la cifra de pobladores es de 11.967 habitantes; el de 1963 indica la existencia de 19.249 habitantes urbanos; con el censo de 1973 se llega a 22.700 habitantes y el último censo, el de 1984, nos da la cifra de 21.440 habitantes. Este dato último es interesante, por cuanto nos muestra que al fortalecer la parte central su actividad económica, la población se ha ido replegando hacia la periferia, despoblando en consecuencia el casco central. Ello ha dado origen a la aparición de múltiples urbanizaciones de distintas categorías, las que se ubican en otros distritos y cantones fuera del distrito primero o central; tal el caso de Mercedes por el oeste, de San Francisco por el sur, de San Pablo por el este, etc. La ciudad de Heredia se derrama hoy hacia la periferia y está creando un ámbito urbano mayor, aún cuando los datos estadísticos del distrito primero no lo señalen con suficiente claridad. Nos inclinamos a darle a la “gran Heredia”, unos 27.000 habitantes, para 1984.

Esta enumeración censal merece un comentario. La actividad cafetalera que se inició en Heredia en la tercera década del siglo XIX, es quizás uno de los factores más importantes que van a contribuir al fortalecimiento de la población urbana y con ello al desarrollo de la ciudad. El café fortalece la tendencia hacia la ubicación de las gentes en los centros de población. Ello ocurre en todo lugar dentro del Valle Central donde se llegó a sembrar el café. Debe pensarse sobre todo que de 1870 en adelante, con los buenos precios del café, Heredia va a cobrar un fuerte impulso en cuanto a la construcción de buenas residencias y de edificios públicos, ya sea tanto de parte de los particulares como del mismo gobierno. De ello puede darse buena cuenta el lector, en los datos que daremos acerca de los edificios que en este trabajo se mencionarán.

Un factor importante del siglo XIX que se debe mencionar, es el de los sismos. El de 1822 dañó sensiblemente el edificio del cabildo; el de 1841 dañó sesenta casas, que no fue preciso demoler; el de 1851 destruyó la fachada del templo parroquial, así como la iglesia del Carmen, la que fue necesario demoler. Provocó muchos daños en Heredia el sismo de 1888. Este derribó en la provincia 85 casas, dejó inutilizadas otras 1.164 viviendas, a más de cuatro edificios públicos, fuera de veintidós que demandaban ser reparados. No conocemos en detalle sus efectos en la ciudad, pero este factor debió ser determinante en el proceso de construcción de muchas nuevas casas, con fisonomía nueva, algunas de las cuales se estudian en este trabajo.

La llegada a la ciudad de Heredia de la primera máquina del ferrocarril que enlazaba la ciudad de Alajuela con la de San José, tuvo lugar en agosto de 1872. Este hecho estaba llamado a tener gran significado, dado que de aquí arranca el proceso de vinculación de Heredia con San José. Con el paso de los años, empieza en 1922 la primera línea de buses a San José, hecho que llevaría a una más fuerte dependencia de Heredia con la capital. Hoy no podemos menos que reconocer esa situación como uno de los rasgos más salientes de la condición laboral de gran número de los actuales heredianos de todos los niveles socioeconómicos. El fenómeno de la conurbación hace que actualmente Heredia tienda a convertirse más y más en un barrio del área metropolitana del gran San José. Por ahora es en la práctica una de las “ciudades dormitorios” de la capital del país.

Tomado de “Añoranzas de Heredia”. Textos Históricos de Carlos Meléndez Ch. Dibujos de Mario Ramírez E.


Relacionado:

Comentar en Facebook

comentarios

Etiquetado en:
Este sitio utiliza cookies. Conozca más sobre las cookies