Historia de la casona de la Hacienda La Caja

INSTITUTO NACIONAL DE APRENDIZAJE
INVESTIGACIÓN: Dra. GRACE PRADA ORTIZ

“HACIENDA La Caja”

La razón por la que se ha realizado esta investigación, dedicada a la búsqueda de nuestras raíces, es dar a conocer la importancia que tienen los hechos del pasado en la construcción del presente. Además, un pueblo que carece de memoria histórica, difícilmente sabe hacia dónde va.

Cerca de un siglo atrás, el espacio en el que hoy se ubica nuestra Institución, fue ocupado por la actividad económica más importante de la nación costarricense: el cultivo del café. Y la CASONA, incólume, imponente, frondosa y silenciosa edificación victoriana es, sin duda, fiel testigo del desarrollo de la hacienda cafetalera en Costa Rica; y hoy, después de una rigurosa y difícil investigación, es posible afirmar que fue construida en el año de 1903. A su vez, también es posible determinar que este tipo de edificación fue producto de las innovaciones arquitectónicas que llegaron a Costa Rica con la inversión de capital extranjero a principios del siglo XX.

El Instituto Nacional de Aprendizaje, pues, está ubicado en parte de los terrenos que fueron de LA HACIENDA LA CAJA. Poseía un bello paisaje natural y contó con toda la infraestructura de las haciendas cafetaleras de la época.

En ella se producía gran cantidad de café que se exportaba, principalmente a Alemania, de donde eran originarios sus dueños. También se exportaba a los Estados Unidos.

El proceso productivo estaba en manos de los y las trabajadoras agrícolas locales, y se iniciaba con la preparación de la tierra para sembrar, luego venía la poda, el deshierbe, el horqueteado, el abono, la recolección del grano, y la escogida; finalmente se pasaba al beneficio. Ahí era lavado, fermentado, secado y almacenado. Todas estas labores las desempeñaban mujeres, niños y hombres que convivían en la hacienda.

Las casas de los peones agrícolas se ubicaban a lo largo del costado suroeste de la Hacienda, donde hoy tiene el INA el parqueo de visitantes.

Refiriéndose a las dimensiones de la Hacienda La Caja, la autora Carolyn Hall escribió:

… El tamaño promedio de una finca cafetalera en esa región era menor de cinco manzanas y las haciendas más grandes, tales como la Rohrmoser en Pavas y la Hacienda La Caja al oeste de San José, alcanzaban entre 700 y 900 manzanas de terreno cultivado Las fincas con más de cincuenta manzanas de café comprendían aproximadamente la cuarta parte del área total de cafetales.” (Hall 110).

Hacienda La Caja

Hacienda La Caja

Inversión extranjera

Las haciendas cafetaleras en América Latina alcanzaron grandes dimensiones de terreno, y por la diversidad de tareas que se realizaban, requerían de grandes cantidades de mano de obra calificada. Costa Rica contó desde el momento del despegue de la actividad cafetalera con mano de obra especilizada para todo el proceso productivo del café y se destacó por las avanzadas técnicas de beneficio. Esta situación atrajo a inversionistas extranjeros, entre ellos algunos alemanes.

Una de las descripciones más exactas que se han realizado de la Finca La Caja es sin duda la realizada en el Suplemento La Tribuna, en el número especial dedicado al Homenaje al Café de 1933. En él se destaca el prestigio internacional de Costa Rica y su hospitalidad para el ciudadano extranjero.

La presencia de la labor realizada enlre nosotros por el caballero alemán O.J. Hubbe, ya desaparecido, a quien prestara el valioso concurso de su ciencia y esfuerzo don Guillermo Peters para la formación de la espléndida finca denominada La Caja, situada al oeste de la capital entre la carretera que conduce al Virilla y la planta Electriona, en una extensión de setecientas manzanas, de las cuales hay cultivadas actualmente cuatrocientas cincuenta de café. La labor conjunta realizada por los señores Hubbe y Peters dio, pues, el magnifico resultado de que surgiera a la vida de la agricultura nacional esta hermosa finca que tiene el privilegio, entre muchos otros de estar distante de la capital sólo a unos diez minutos en automóvil, llegándose a ella por amplia y maciza carretera asfaltada, hasta la Uruca y de ahí a la finca que se extiende a uno y otro lado del camino a Electriona, siendo este trecho uno de los más pintorescos recodos de las cercanías de San losé, pues se encuentra sembrado, a todo largo, de hermosos y copudos árboles que le dan al paisaje un carácter eminentemente poético“.

También destaca La Tribuna el trabajo de los dueños de la hacienda:

Los Hubbe y los Vedova

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Ferdinand Vedova y Lisa Hubbe

Esta valiosa heredad pertenece a don Joaquín Hubbe y doña Lisa Hubbe de Vedoua, esposa de don Ferdinand Vedova. quien tiene a su cargo la total administración de la extensa propiedad, a la que presta toda su atención no solamente en el cuido diario y minucioso sino también en el mejoramiento – si es que aún cabe – de los cultivos y métodos de beneficio que en La Caja encuentran su última expresión de industria perfecta.

Claro está que para haber logrado tan envidiable posición en la industria cafetalera del país, la preocupación de Ferdinand Vedova y Lisa Hubbe los señores Hubbe y Vedova se ha concretado a disponer de estos dos factores esenciales que dan por resultado la producción de un grano de primera calidad: un minucioso cultivo y una maquinaria excelente. En cuanto a lo primero se efectúa una revisión de la tierra, para poder determinar las parcelas cansadas a efectos de revivirlas poderosamente por medio de abonos entre los que el nitrofoska ocupa el primer lugar debido a sus excelentes pruebas rendidas en todas las latitudes del país. Esta revisión comprende también los cafetos cuyas condiciones son objeto de estudio ya para la poda, limpia y horqueteo, ya para su destrucción en remotos casos de enfermedad o esterilidad y su plantación de ellos por arbustos seleccionados de previo, con lo que se establece un estado de perenne juventud en los cafetales

En cuanto a lo segundo, La Caja se enorgullece de contar con todos los implementos de una maquinaria modelo para el beneficio.” (La Tribuna, 1933:24)

“El Padre del Café”

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De gran importancia es ahondar en la figura del señor Guillermo Peters, quien fungió como primer administrador de la Hacienda La Caja. Su participación en la actividad cafetalera de nuestro país le mereció el título de “Padre del Café”, según el periódico La Tribuna (1933).

Al llegar a Costa Rica don Guillermo Peters tenía apenas unos 16 años y de inmediato empezó a trabajar en la “Farmacia Alemana”, propiedad del alemán W. Boithel.

Muy pronto logró arraigarse en nuestro país y pasó a ser el administrador de la Hacienda La Caja, aproximadamente en 1915. Don Guillermo participó arduamente en la construcción de la carretera Uruca-San José.

La siguiente cita, también de La Tribuna, nos aclara quién es don Guillermo Peters:

Hace apróximamente cuarenta años radica entre nosotros el caballero alemán don Guillermo Peters y durante todo ese tiempo, sus actividades se han dedicado por entero no solamente al cultivo sino también al estudio de la tierra, extrayendo de uno y otro muy notables experiencias que hoy sirven de segura orientación tanto a gran número de cultivadores como a acuciosos hombres de ciencia. En lo que a la industria cafetalera propiamente atañe, el señor Peters ha mostrado tan completa dedicación a su ensanche y mejoramiento, poniendo de tal modo a su servicio las energías de toda una vida y el incondicional aporte de sus atinadas observaciones, que con justicia le han valido esa distinción que la gratitud nacional reserva para una media docena de agricultores de nuestro suelo, y que se encarna en el título de “Padre del Café”. Y tan es así, que el gobierno del señor Lic. Jiménez Oreamuno, intérprete fiel de ese reconocimiento de méritos, ha nombrado recientemente al señor Peters miembro muy importante del Instituto Nacional de Defensa del Café, desde donde el país espera del señor Peters una labor altamente beneficiosa para la agricultura nacional y realmente conciliatoria de los diferentes intereses de la misma.

Al que esto escribe le parece redundancia trazar la biografía del Peters y referirse a su eficaz acción desplegada en nuestros campos, ya que una y otra son suficientemente conocidas de los costarricenses con quienes el señor Peters se ha identificado tan íntimamente, compenetrándose de tal manera hasta con nuestras necesidades políticas, que todo ello, ha hecho que don Guillermo y su familia conceptúen sinceramente a Costa Rica como una feliz prolongación de su hermosa patria.

De cafetalero a constructor

Por un período largo de años el señor Peters fue el alma mater en el resurgimiento de la espléndida finca. La Caja, de la Sucesión Hubbe y de repetir que también fue la médula principal que se empeño en la construcción de la carretera a Heredia, cuyo trabajo dirigió gratuitamente y que invirtió gran parte de su vida en trabajos agrícolas en Orosí, Pavas y Santo Domingo de Heredia, donde se le recuerda siempre con pensamientos de respetuosa simpatía, en vez de todo eso, sorprendámoslo refugiado en el hall de su maravillosa mansión campestre que se levanta singularmente hermosa y excepcional como un castillo del Rhin, enclavada en el declive montañoso que muere en las márgenes del río Virilla, de frente al espacioso y pintoresco puente de hierro que lleva este nombre y que sirve de trecho a la asfaltada carretera San José-Naranjo.

Seguramente lo sorprenderemos entregado con devoción a la lectura que es su más intenso placer, después de la diaria inspección de sus sembrados y de sus visitas a los centros científicos, sociales y políticos de la capital La Caja dispone de un enorme tren mecánico que comprende toda suerte de maquinaria relacionada con el ramo, y toda ella tan fina y acabada que complace las más rancias exigencias en materia de elaboración. Todo, desde luego, sujeto a una larga experiencia en el beneficio del grano; experiencia que no se encuentra escrita e ningún tratado, sino que es el producto de una inteligente observación.

El Beneficio queda situado frente a la deliciosa quinta de los señores Hubbe, calle a Electriona de por medio. En época de laboreo ofrece un animado espectáculo a los transeúntes, quienes comúnmente se definen en el camino para contemplar en los cafetales y en los patios a toda una hermosa procesión de trabajadores de ambos sexos y de todas las edades entregados con alegre afán a las distintas labores de la recolección y el beneficio.

Todos los sectores de la extensa finca hablan por sí solos del acendrado cuidado en que son mantenidos y aun hasta los potreros dan señales inequívocas de ser objeto de una perenne atención.

Hay un área apreciable sembrada de diversos árboles frutales que no solamente le dan diversidad a la finca sino que también constituyen otra de sus riquezas. Maíz, frijoles y verduras también se cosechan en estimable escala, pero la mayor parte de estos productos son pertenencia de los trabajadores a quienes se facilitan pequeñas parcelas para que las cultiven en su exclusivo provecho.

Las casas de los trabajadores casi todas dan frente a la calle que conduce a Electriona y forman pequeños poblados a todo lo largo de esa calle. Están dotadas de magnífica cañería y luz eléctrica y todas ellas, aunque de vieja construcción, son macizas, bien dispuestas y amplias, suficiente cada una para dar cómodo albergue a toda su familia.

Una hacienda pujante “Al estilo Victoriano”

En el mismo medio reseñado más arriba se lee:

La quinta es muy pintoresca y de entera construcción de madera. Está situada en medio de un amplio parque poblado de palmeras, caminillos enarenados, fuentes y flores exóticas que dan al lugar un agradabilísimo aspecto de paisaje tropical, muy propio, por su quietud, para entregarse al mismo tiempo que a los deleites objetivos que ofrece la Naturaleza, a la meditación y al estudio

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Beneficio de la Hacienda La Caja

Y si a este ambiente de paz y de belleza se une la exquisita cortesía de que hacen discreto derroche don Ferdinand Vedova y su culta distinguida señora esposa doña Lis, el escenario no puede ser más envidiable para encontrar en él la sensación perfecta de un goce delicado Aún cuando el Beneficio de La Caja puede elaborar una cantidad mayor, es lo cierto que sus dueños lo destinan a beneficiar únicamente la producción de la finca, que regularmente alcanza a cinco mil fanegas anuales que se embarcan en su totalidad a Hamburgo, bajo la marca: O.I.H. LA CAJA” (La Tribuna, 1933).

La detallada descripción de la Tribuna, pone en evidencia el desarrollo de la Hacienda La Caja, y recuerda la existencia de un paisaje natural y resalta el trabajo dedicado a las obras infraestructura que promovió don Guillermo Peters durante su gestión como administrador de La Hacienda La Caja.

Estudio Registral de La Caja

El estudio registral de la Finca La Caja, hoy en parte propiedad del Instituto Nacional de Aprendizaje reveló los siguientes datos:

Una sucesión de propietarios vendió sus propiedades en 1903 a don Otto Hubbe y Bergeest, quien fuera comerciante de profesión, de nacionalidad alemana y vecino de la ciudad de Hamburgo. El señor Otto Hubbe adquirió las propiedades por la suma de ₡17.500 (diecisiete mil quinientos colones)

La compra se efectuó a través de su casa comercial, por su apoderado el señor Guillermo Steinvorth Ulex, también comerciante alemán, quien fungía como socio gerente de la Casa Hubbe: Los trámites legales se realizaron el 5 de diciembre de 1903, ante el notario Gregorio Martínez y consta en actas que no tenía ningún gravamen (tomo No. 672, la finca No. 37688 en la inscripción 97 de febrero de 1905).

Para efecto de nuestro estudio, analizaremos solamente el lote sexto, donde se ubicó la Hacienda la Caja.

El sexto lote se formaba de la tercera y octava finca llamadas La Caja, en estos terrenos se sembraba café y una pequeña parte de caña de azúcar, el resto era de potrero y montañas.

La siguiente eran las construcciones que comprendían La Caja:

1 casa de aproximadamente 70 mt
1 galera de aproximadamente 112 mt
1 patio de beneficio de aproximadamente 1.530 mt
1 casa de aproximadamente 35 mt
1 segundo beneficio compuesto de quebrador de café con pilas y galeras de aproximadamente 79 mt
1 casa de habitación de aproximadamente 291 mt
1 patio de beneficio con dos setrillas y un corredor de media agua, el patio mide aproximadamente 5.241 mt y la media agua 124 mt
1 beneficio más de café compuesto de:
1 casa de dos pisos de 138 mt entre cada piso con una altura de 3 mt

La hacienda también tenía un clasificador para café, una turbina Leffet para treinta caballos de fuerza, el agua se tomaba del río Torres y era conducida por una tanquía y zanjas provista con compuertas y rejas de hierro, el agua caía al lugar de la turbina y volvía al río por un desagüe en las márgenes del mismo río.

Los linderos de la Hacienda La Caja eran los que se describen a continuación:

Los colindantes

Norte- Río Virilla, en parte y sin tocar el río con las propiedades de Juan Bautista Vargas, luego de los Hubbe.
Este- Calle Pública y propiedades de los herederos de doña jesús Salazar de Ulloa.
Sur- Río Torres.
Oeste- Propiedad de los señores Hubbe y de Francisco Salazar.

La propiedad adquirida por don Otto Hubbe medía entonces aproximadamente 73 ha 9109 mt cuadrados.

El señor Otto Hubbe estimó la totalidad de la finca en la suma de quinientos mil colones (₡500.000 (febrero 15-1905). Al morir don Otto Hubbe (1911) se practicó cuenta divisoria de sus bienes y la finca fue valorada en ₡500.000 quinientos mil colones, un total de cien mil colones a cada uno.

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Parte de las familias que habitaban y trabajaban en la Hacienda La Caja

SUCESIÓN CRONOLÓGICA DE LAS PROPIEDADES DE OTTO HUBBE

1903
Sucesión anteriormente mencionada vendió a Otto Hubbe y Bergesst

1911
A la muerte de don Otto Hubbe heredan sus propiedades

Elisa Hirsckorn
Esposa de don Otto Hubbe

Hans Joaquín Hubbe
Hijo

Emmi Cacielle Hubbe
Hija

1915
Por fallecimiento de Eliza Hirsekorn heredan su parte

Hans Joaquín Hubbe

Emmi Cacille Hubbe

1940
Expropiación de la propiedad por parte del Estado
Quedan las tierras a nombre del Estado

1940
Junta de custodia representante del Estado
Asume el control de las propiedades de la Firma Hubbe

1944
Segregación de una parte de las propiedades para el cementerio de la Municipalidad de la Uruca
Otra parte para la Junta de Protección Social

1946
De la segregación queda una parte a la Caja del Seguro Social
(de aquí sale parte para el INA en 1966)

1954
Venta parcial de terrenos a la Jabonera Nacional y la compañía de Fuerza y Luz

1966
Venta de terreno de 27 hectáreas al Instituto Nacional de Aprendizaje

1977
Cancelación de hipoteca por el INA al Estado

Los bienes de La Hacienda

LOTE SEXTO LA CAJA, terreno en su mayor parle cultivado de café y el resto de caña de azúcar, potrero y montes con las siguientes construcciones:

1 casa de habitación de dos pisos y de madera que mide 290 mt
13 casas para peones construidos de adobes y bahareque.
1 edificio de bahareque para oficinas
1 edificio para oficina que mide 44 mt
1 edificio para el beneficio de café de dos pisos, la planta baja de construcción de madera con pisos de cemento y que mide 725 mt la planta alta con dos pisos de tabloncillo, armadura de madera y techo de zinc que mide 54 mt
1 galerón para bodega: taller de carpintería que mide 190 mt
2 galerones para bodega de café piso de tabla, forro de zinc que miden unos 118 mt y el otro 45 mt
1 galerón para trapiche que mide 375 mt y con capacidad para 420 galones
1 galerón para lechería y caballeriza de armadura de metal, madera techo de zinc forrado por un lado una pared de adobe, divisiones de madera y canoas de cemento.

El beneficio de café tiene patios que miden 8.281 mt, pilas para fermentación, recibidor y tanques para agua que miden 364 mt.

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Compleja y organizada

La descripción del inventario anterior pone en evidencia lo que hemos venido mencionando anteriormente que la Hacienda La Caja era una de las Haciendas cafetaleras más complejas y bien organizadas de su época. Este inventario fue realizado en abril de 1941. El administrador estimó en ese momento todas las mejoras hechas en cien colones ₡100. Todos estos bienes y servicios existían en la Hacienda en el momento de su expropiación.

En 1940 ejercía la presidencia de la República el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia y desempeñaba el cargo de jefe del Ministerio Público el Lic. Erasmo Gómez Rojas. A él le correspondió ejecutar el acuerdo del decreto ejecutivo No. 6 del 30 de enero de 1940, que fuera rectificado por otro decreto del 12 de marzo de 1940. En este decreto se ordenó expropiar a los citados Hubbe, el resto de la presente finca que pertenece a ambos y que se cita en el decreto.

Según el decreto, los señores Hubbe serían indemnizados en la forma que determinan los artículos de la Ley No. 26 del 12 de diciembre de 1942. Citamos un párrafo que se refiere a la expropiación:

Que dado el estado de guerra existente entre Costa Rica y japón, Alemania e Italia, al tenor del artículo veintinueve de la Constitución Política, el requisito de indemnización previa no es necesario para el perfeccionamiento del traspaso de propiedad a nombre del Estado, sobre el bien a que se refieren los decretos de expropiación número seis y treinta de enero y número trece de doce de marzo que lo rectifica (1940) bastando en consecuencia la promulgación de los referidos decretos, para que desde su fecha haya pasado al Estado la propiedad de los derechos y bien en ellos incluidos, que es resto de la finca con el objeto de que el presente resto se inscriba en este registro a nombre del estado, como en efecto queda inscrito y debidamente autorizado por el referido señor Gómez Rojas” (No. 3040: 1943 R.N.)

La inscripción de la propiedad se hizo hasta el año 1943, pero la ejecución de esta rigió a partir de 1940.

La Junta de Custodia, institución del estado, encargada de los bienes expropiados remató los inmuebles en la Caja del Seguro Social. En ese momento el señor Arturo Volio Jiménez fungía como Gerente de esa institución. La suma total del remate fue de ₡1.700.000.

Remate de La Hacienda

Pese a las apelaciones de la firma Hubbe para recobrar sus bienes, el 13 de abril de 1945 la Sala II civil confirmó ante el apoderado de los Hubbe las resoluciones y verificó el remate de la finca La Caja. El 29 de mayo de 1944 el Estado tomó una hectárea para ubicar en este terreno el cementerio de la Municipalidad Uruca.

Posteriormente se traspasó a la Caja del Seguro Social la suma de ₡1.422.350 un millón cuatrocientos veintidós mil colones con trescientos cincuenta colones.

Según decreto No. 2 del 30 de enero de 1943, la intención fue expropiar todas las fincas que formaban la Hacienda La Caja, pero solamente se enumeró en dicho decreto la finca No. 37688; pero luego se expresó que tal expropiación debía incluir los componentes de la Caja Por decreto ejecutivo del 23 de agosto de 1943, consta en la Gaceta de la misma fecha así se dice en la escritura del 2 de febrero de 1946.

La finca La Caja fue dividida en cuatro lotes, y fue el tercero el que se vendió al Instituto Nacional de Aprendizaje. La venta de las tierras fue aprobada por la Junta directiva de la Caja del Seguro Social según el artículo segundo del acta No. 4365 de la sesión del 3 de mayo de 1966. Consta también en los documentos y en el artículo 17 del acta No. 3472 del 7 de mayo de 1966 y por consejo Directivo del Instituto Nacional de Aprendizaje en el art. No. 5 de la sesión No. 67 del 29 de abril de 1966. La venta fue autorizada expresamente por la Contraloría General de la República según oficio No. 2754 del 2 de mayo de 1966.

El Instituto Nacional de Aprendizaje compró los terrenos de La Hacienda La Caja por la suma de un millón quinientos noventa y dos mil colones, con novecientos sesenta y un colones con quince céntimos (₡1.592.961,15) parte de este monto se cubrió en bonos (₡750.000 setecientos cincuenta mil colones y resto (₡842.961,15) ochocientos cuarenta y dos mil novecientos sesenta y un mil colones con quince céntimos, este resto de la deuda fue cubierta por una garantía hipotecaria en primer grado con la Caja del Seguro Social.

Es importante mencionar que la propiedad quedó en un primer momento gravada con una hipoteca en primer grado a la Caja del Seguro social, pero la respectiva cancelación hipotecaria la hizo el INA el 25 de noviembre de 1977.

Al pasar las propiedades de la Finca La Caja a manos del Estado, la venta y segregación de los terrenos continuó.

Cosechando conocimiento y habilidades

Una parte de las tierras fueron vendidas a la junta de Protección Social; según consta en el folio 595 del tomo 1191 RN el resto de la finca compuesto los lotes No. 2, 3, 4, 5, 6 resto del sétimo y resto del octavo, el 11 y el 12 fueron vendidos a la Caja del Seguro Social en el año 1946. Consta en escritura también la venta de parte de las tierras a la Jabonera Nacional y a la Compañía Nacional de Fuerza y Luz que adquirió un poco más de dos hectáreas en mayo de 1954.

Aunque a simple vista no parezca, la historia de La Hacienda La Caja con su majestuosa Casona victoriana y la del Instituto Nacional de Aprendizaje (INA), tienen mucho en común.

En la hacienda La Caja se cosechó durante mucho tiempo nuestro grano de oro, símbolo de una emergente economía que pretendía consolidar el naciente estado nacional.

Hace un siglo se sembraba en este mismo espacio café, caña de azúcar y se cosecharon sueños y esperanzas de sus moradores.

Hoy, en los albores del siglo XXI, poco ha variado la situación; cambiaron los actores, los sujetos y las semillas. En estas mismas tierras arduamente producidas e inmensamente productivas, seguimos sembrando. Hoy sembramos el conocimiento en miles de jóvenes; hoy sembramos esperanzas y deseos de vivir.

Cosechamos profesionales calificados, mujeres y hombres dignos, que son rápidamente absortados por los diferentes sectores productivos.

En esencia poco ha cambiado. La Hacienda La Caja se ha convertido en el mejor lugar para albergar una casa de estudios y sigue dando frutos de oro: profesionales altamente calificados.

Galería

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CRÉDITOS

Investigadora: Grace Prada
Reproducción de Fotografías: Fabio Valverde
Correción de Estilo: Manuel Barrientos
Diagramación: Kenia Rojas
Foto Portada: Guadalupe Martínez
Producción:
Asesoría de comunicación
Desarrollo de Recursos Humanos
Unidad de Servicio al Usuario
2002

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