Himno Nacional de Costa Rica

Historia del Himno Nacional de Costa Rica

Canto de gratitud y de esperanza.
Juramento de no renunciar a la libertad.

Junto con sus otras cuatro hermanas del Istmo Centroamericano, y sin mayor lucha. Costa Rica se independizó de España en el año 1821. A partir de esa fecha, durante casi cuatro lustros, fue uno de los Estados de la Federación Centroamericana. En 1848, al declararse nación soberana e independiente, creó dos de sus símbolos nacionales: la bandera y el escudo de armas; cuatro años más tarde, presidiendo la joven república el benemérito don Juan Rafael Mora Porras, había que completar la trilogía simbólica con el Himno Nacional. La canción patriótica de los costarricenses, ya centenaria, nació con motivo de una ceremonia de relaciones internacionales que exigía, para recibir dignamente a representantes extranjeros, junto con la ejecución de los himnos de sus patrias, el de la nueva república.

Mediaba el año de 1852: el Presidente don Juan Rafael Mora P. esperaba en la ciudad capital nada menos que la llegada de una misión diplomática de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos.

Para el 8 de junio de ese año ya se hallaban en el país los enviados diplomáticos. Charles L. Wyke, Encargado de Negocios de la Gran Bretaña y Mr. Robert M. Walsh, Comisionado de los Estados Unidos. El señor Presidente señaló el 11 de ese mismo mes para recibirlos oficialmente en audiencia pública. Su hermano, el General don José Joaquín Mora, a la sazón Comandante de Plaza, se encargó de organizar el programa para la ceremonia y los festejos: se incluía en ese programa la ejecución, por la banda militar de la metrópoli, de los himnos de las naciones de los distinguidos visitantes. Uno de los historiadores del Himno refiere que un extranjero, residente por entonces en San José y muy entendido en asuntos de protocolo, inquiero el ánimo del General Mora al preguntarle, extrañado, por qué en el aludido programa no figuraba el Himno de la Nación. Reaccionó con violencia el sentimiento patriótico del General Comandante: “¡No es posible que Costa Rica no tenga su canto de gloria…!” ¡Ahí está Gutiérrez que lo hará!”.

Sin pensarlo dos veces el militar jefe hace comparecer al joven artista Manuel María Gutiérrez, Director de la Banda Militar. Lo entera y le ordena:

“No tenemos himno… A Ud. le corresponde hacerlo en su calidad de Director de Faltaban sólo dos o tres días para la realización de la ceremonia. El tiempo era. “tinte… La obra de arte verdadero y valedero no se improvisa. ¿Qué hizo el artista músico conminado por las circunstancias y por la inapelable orden del Jefe?. Según testimonio de tumo Je sus hijos, Gutiérrez aceptó sin vacilar aquella inesperada cita con el destino: lleno de entusiasmo sin pérdida de tiempo, se entregó a la composición de la obra que se le pedía. Las notas fueron cifrando en el pentagrama la armonía de una magnífica canción patriótica: el HIMNO NACIONAL DE COSTA RICA.

Si esta es la historia, la leyenda, que nunca falta, refiere que ante la orden del jefe, el músico Gutiérrez se encendió en rebeldía; protestó de un mandato absurdo, hizo ver que la obra de arte no se crea a plazo fijado por la medida de los relojes; que la disciplina militar nada tiene que ver con la disciplina en libertad, propia de la creación artística. El General Mora, sabedor del carácter insumiso del músico, del que ya había dado señaladas muestras anteriormente, no cejó, mandó a arrestar al rebelde en el Cuartel Principal para que allí cumpliera la orden recibida.

Se le proporcionó un piano, papel pautado, tinta y pluma… El Director de la Banda debía poner lo que faltaba: la inspiración.

Transcurre la breve tarde de un día. El joven músico trabaja en la obra. Poco a poco su imaginación va traduciendo en notas un sincero sentimiento patriótico. Escribe y tacha; escribe y rompe los papeles pautados. Ya no trabaja en frío; ahora arde su corazón; el artista ha convertido el trabajo de forzado en realización plena de su alma; ¡le está cantando a la Patria! Insensiblemente se han ido deslizando las horas de la noche; con las primeras claras del alba el artista ha terminado, con excelencia, su ofrenda a la patria.

Aprisa, aprisa, se dedica de inmediato a instrumentarla: a las ocho de esa misma mañana debe estar lista a fin de que la banda, bajo su dirección, inicie el primer ensayo en los recintos del cuartel.

La impresión que esa primera ejecución del Himno Nacional produjo en los músicos, se manifestó por una espontánea y entusiasta ovación al autor. El 11 de junio del año 1852, a las doce del día, en momentos en que el Presidente Mora recibía a los diplomáticos de los dos grandes pueblos, Gran Bretaña y los Estados Unidos, la banda militar hizo oír al público por primera vez, las notas puras del HIMNO NACIONAL.

El Himno Nacional de Costa Rica, a diferencia de la mayoría de los otros himnos de los países hispanoamericanos y en consecuencia con la realidad histórica de la pequeña y feliz patria istmeña, no es una canción bélica; no nació de un arrebato de rebeldía para fomentar corajes libertarios, ni para conducir huestes a combates contra sombríos tiranos. La historia de Costa Rica es la historia de un pueblo de labradores que no han vivido grandes conflictos, dedicado:, al trabajo de la tierra fértil, que les da el diario sustento; es la historia de un pueblo democrático por nacimiento y por educación, respetuoso de las normas de la convivencia internacional, celoso mantenedor de su independencia, y sobre todo, amante a la paz.

La música del Himno, tanto como la letra definitiva, expresan y exaltan emotivamente estas modalidades e ideales del alma nacional. Música y letra del Himno son un homenaje a la Bandera Patria, azul, blanca y roja: celebran el azul del cielo benigno a cuya sombra crece el grano de oro del café, madura el valioso racimo de banano, se construye, hasta en la más lejana aldea, la escuela de cultura popular, se tiende el riel o se abre el camino por donde corra la vigorosa rueda del progreso; celebran la diaria lucha del trabajo en paz que abre la era del suelo fecundo y amado; celebran la viril decisión del pueblo capaz de cambiar la herramienta de la labranza, por el arma defensora, si la Patria perdurable ha de mantenerle con honor. En síntesis, el Himno Nacional de Costa Rica es un canto de gratitud y de devoción patrióticas, un canto de esperanza al mejor porvenir de la Patria, un canto a la paz y al trabajo que dignifica hombres y pueblos, un viril juramento en que las generaciones de costarricenses han expresado y expresan su renovada voluntad de no renunciar a la libertad.

Carlos Luis Sáenz E.

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